No señor Gallardón: son sus vientres, ellas deciden!

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Se veía venir. La aprobación de la reforma de la Ley del Aborto cuyo abanderado es el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, se retrasa con las vacaciones de verano del Gobierno y seguirá en stand by previsiblemente hasta el primer Consejo de Ministros de finales de agosto, previsto para el día 29, o bien para la primera quincena de septiembre, donde posiblemente se le dé el pistoletazo de salida a su tramitación parlamentaria. 

Así lo aseguran fuentes internas del PP, pese a que un sector del partido afirma no estar de acuerdo con la normativa, especialmente por una cuestión estratégica temporal, ya que en 2015 hay elecciones municipales y autonómicas primero, y generales después. Muchos consideran que esta normativa no les va a beneficiar tras la pérdida de votos de las elecciones europeas. No obstante, el propio ministro ha defendido la reforma, llegando a asegurar que “no iba a dejar morir su ley” y que ésta “iba a tramitarse en el Congreso y salir adelante”.

El anteproyecto de Ley del Aborto ha abierto un verdadero campo de batalla entre las instituciones: PP y PSOE, Iglesia, Conferencia Episcopal Española (CEE) y los borbones, que entre abdicación y nuevo rey Felipe, se ha descubierto que hasta la princesa Letizia Ortiz había abortado en sus años mozos.

El intransigente Gallardón se encuentra hoy criticado por dos sectores dentro de sus propias filas populares. Por un lado, un sector minoritario dentro del PP en contra de la nueva Ley del aborto, expresada a través de la vicepresidenta de la Mesa del Congreso, Celia Villalobos, quien pidió al presidente de su partido libertad para votar en conciencia. También otros ’barones’ autonómicos de Valencia, Extremadura y Castilla y León criticaron a la Ley como “aún más restrictiva” que la de 1985. Y por otro lado, la Conferencia Episcopal Española que es la que marca los pasos al Ministro, junto a las Asociaciones Pro-Vida o Derecho a Vivir que defienden prohibir el aborto en todos los casos; ya sea violación y peligro de vida para la madre.

Estos debates manifiestan las tensiones propias de un PP que contiene en sus entrañas a los sectores de la ultraderecha española más rancia; además de su eterna alianza con la CEE. Según Gil Tamayo, actual secretario de la CEE, el debate sobre el derecho al aborto está siendo utilizado como “un arma arrojadiza de controversia electoral”, por lo que “la cuestión de la malformación del feto no debe ser negociable en el ámbito parlamentario”.

Retumban también las voces de arzobispos como el de Oviedo, Jesús Sanz: “Me sorprende enormemente que este gobierno conservador aún no haya modificado la ley del aborto”. Y otras frases lapidarias como “La batalla contra el aborto y por la vida será larga, seguramente como la que pretendía abolir la esclavitud“, del siempre presente Juan Antonio Reig Plan, prelado de Alcalá de Henares famoso por sus repetidas condenas a la homosexualidad. Las contradicciones internas del PP no cesan y Gallardón anuncia todos los días algo nuevo respecto a cómo quedará su Ley siendo incluso un misterio para el propio PP su final. Además de que no participó del polémico seminario antiabortista planeado en el Congreso de los Diputados e impulsado por Parlamentarios y Gobernantes por la Vida y la Familia.

Existen otras controversias en la propia Iglesia a través de un debate de siglos que se reproduce hasta la actualidad: ¿es necesario o no nacer para ser una persona? (Andrea D’Atri, 13/06/2013). Aún más retrógrado que los teólogos de la Edad Media, José Ignacio Munilla proclama enfervorizadamente: “¡No los matéis! Dádselos a quienes les aman y están dispuestos a dar su vida por ellos”. Si San Agustín y Santo Tomás de Aquino levantaran la cabeza le hablarían de la “hominización tardía” o la animación del feto a partir de los tres meses del embarazo, y de que no hay vida humana, sino solo vegetativa primero y animal después; lo cual evidencia que las posiciones de la Iglesia varían según las necesidades e intereses de la propia institución. También los “aportes científicos” del último informe del Comité de Bioética de España plantean: “permitir el aborto durante las primeras 14 semanas de gestación, sin alegar causa que lo justifique, supone una desprotección absoluta del ser humano. Dicha desprotección, además, se produciría durante una etapa extensa de su desarrollo, que incluye todo el período embrionario y una parte sustancial del período fetal“. La cosmovisión de estos “científicos” está profundamente impregnada de los intereses de la iglesia católica.

El punto en cuestión hoy es el de la malformación fetal (Ver declaración Pan y Rosas, 06/2014). Para no asustar a los santos prelados, Gallardón no quiere hablar del “supuesto de aborto por malformación fetal” porque ello significaría una discriminación a tales fetos, incluso si estos son incompatibles con la vida. Por ello propone una fórmula en la que el aborto se practique no porque el feto padezca una enfermedad, sino bajo el pretexto de que la madre va a sufrir daño por ello. Incluso está planteando que el síndrome de Down quedaría fuera de un hipotético nuevo supuesto de “malformación fetal”, al tratarse de una “discapacidad”.

Lo dramático es que todo esto no se limita a simples debates entre católicos o científicos. En no pocos casos, las mujeres que abortan sufren el acoso y la persecución de los Pro-Vida que les gritan “asesinas” en las puertas de los hospitales. El nuevo anteproyecto de ley de llegar a aprobarse definitivamente, significaría un retroceso tal que el agua bendita de las Iglesias será la sangre derramada de las mujeres que morirán en abortos clandestinos, sobre todo para aquellas que no tienen los medios suficientes para “viajar a Londres”. Según datos del 2012, España registra 112.000 interrupciones voluntarias del embarazo al año. El 90% se realiza en las primeras 12 semanas de embarazo; porcentaje estable de los últimos 30 años. Los casos de abortos por malformación del feto son apenas el 3% del total; unos 3.500 al año, de los que poco más de 300 son casos de anomalías incompatibles con la vida (El País, 06/2014). Es decir que estamos hablando de la prohibición a la inmensa mayoría de mujeres que deciden interrumpir el embarazo, casi todas por causas ajenas a la malformación del feto o peligro de sus vidas.

Mientras que en los países de América Latina el aborto está prohibido o penalizado. Hasta en países con gobiernos que se dicen “progresistas” e incluso llamados “socialistas”, como en Bolivia o en Venezuela. En los años ’70 distintos países de Europa fueron, año tras año, legalizando el aborto, hasta llegar a 1979 en Italia. En España recién en el año 85′ empezaron los primeros cambios en este tema. El hecho de que hoy nuestro país sea pionero en el intento de prohibición tiene que ver con varios aspectos relativos a la continuidad del Régimen del 78 con la antigua Dictadura, como también el enorme peso de la Iglesia Católica.

Si España llega a aprobarse el Anteproyecto sobre el aborto, podrían abrirse puertas para un retroceso en otros países de Europa. Con el avance de la extrema derecha en las elecciones europeas se observa que existe cierta base social para ello. Además, de aprobarse dicha ley, la legislación española estará entre las tres más restrictivas de Europa junto a Polonia e Irlanda, con problemas de salida de compatibilidad con los estándares europeos en materia de derechos humanos delimitados por el TEDH -Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

En una constante por parte de los poderes fácticos más ultraconservadores querer domesticar a las mujeres bajo el yugo del “natural instinto maternal” y del círculo doméstico; aunque esta vez en tiempos de crisis bajo condiciones de pobreza y precariedad. El hecho de que hoy se intente prohibir el aborto es fiel espejo de un retroceso del conjunto de la sociedad en tiempos de crisis económica y social en el que reflotan los valores más retrógrados bañados de “agua bendita“. Mientras, algunas mujeres se resisten a volver a ser “ángeles del hogar” y “perfectas casadas” en una carrera contra reloj para llegar a fin de mes, tener un trabajo aunque precario y soportar los avatares de las “violencias estructurales“; de las que el paternalista Ministro Gallardón les quiso proteger.

Por este motivo, el debate sobre el aborto no es sólo un campo de batalla institucional, es también una pugna en la cual se juega el derecho a decidir de las mujeres. Ya lo dijo el intransigente Ministro Gallardón: “La libertad de la maternidad es la que hace a las mujeres auténticamente mujeres”.

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