China: el “modelo” que no debe ser

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A comienzos del siglo XX, China tenía un ingreso por habitante equivalente al 43% del ingreso promedio en el mundo. Hacia 1913, durante el fin de la dinastía Qing, el ingreso había bajado al 36% del índice mundial. Para 1950 en adelante, bajo el gobierno de Mao, el ingreso promedio de los chinos fue 20% del ingreso promedio mundial. Mao llegó al poder en 1949 y enseguida buscó el apoyo de los soviéticos, pero con la misma celeridad se peleó con ellos. De todas formas, empezó a implementar los planes económicos quinquenales, siguiendo la estela de lo que se llevaba a cabo en la URSS de Stalin.

En el plan de 1958 se decidió colectivizar completamente la agricultura, con el objetivo de multiplicar su producción. A eso se le conoce como el “Gran salto adelante”. En los siguientes tres años el desastre fue absoluto. Las estimaciones del número de muertes por hambre, oscinal entre los 30 millones de personas, aunque mientras más reciente es la estimación, más aumenta el número. Para 1961 se abandonó el experimento, aunque la tensión provocada por el fracaso del maoísmo fue creciendo. A partir de entonces, la solución de Mao fue la denominada Revolución Cultural, que a partir de 1966, y hasta la muerte del Gran Timonel en 1976, aniquiló casi por completo las capacidades técnicas y educativas de China. Tras la muerte de Mao, la facción de su partido que intentaba continuar el proceso (la Banda de los cuatro, a la que pertenecía su viuda) fue derrotada por el sucesor designado, Hua Guofeng. Sin embargo, éste tampoco pudo mantener el poder dentro del Partido Comunista, que le fue arrebatado por Deng Xiaoping en los últimos dos meses de 1978. A partir de entonces, y hasta su muerte en 1997, Deng, sin ser nunca el primer ministro chino, fue el emperador. La llegada al poder de Deng significó un cambio de dirección en la economía china. Es famoso el refrán tradicional de Sichuan que Deng utilizó desde inicios de los sesenta, frente al fracaso del Gran salto adelante: “no importa si el gato es blanco o negro, sino si caza ratones”.

Desde su llegada al poder, Deng se propone utilizar otro gato. Inmediatamente se inicia el proceso de apertura de China, en la región de Guangdong, frente a Hong Kong. El primer permiso para instalar inversión extranjera en China se lleva a cabo a finales de enero de 1979, y la decisión de establecer cuatro zonas económicas especiales, tres de ellas en Guangdong, ocurre meses después. Deng entendía que esto implicaba que algunas regiones del país prosperarían más que otras, pero aceptaba el costo de una mayor desigualdad a cambio del crecimiento.

Desde entonces, estas cuestiones han estado presentes en las últimas décadas del gigante asiático, hasta plasmarse en el reciente Tercer Plenario del 18º Comité Central del Partido Comunista chino en Pekín, en el que evidenciaron que China se encuentra en un dilema. Su crecimiento económico sin precedentes es espectacular; ningún otro país en la historia ha podido alcanzarlo. Pero los desequilibrios económicos del gigante asiático también son espectaculares. Este país ha sostenido su crecimiento de producción invirtiendo la mitad de su PBI, a pesar de que ningún país puede invertir productivamente más de un tercio del ingreso nacional durante un período prolongado. El consumo de los hogares representa sólo un tercio del PBI, en comparación con dos tercios en una economía normal. Junto con este bajo nivel de consumo se halla una creciente polarización entre las zonas rurales y las ciudades, y entre las elites políticas y las masas. Los graduados universitarios con grandes expectativas no encuentran los trabajos de oficina que buscan y no aceptarán los trabajos en fábricas que se les ofrece. El descontento social, expresado en manifestaciones espontáneas, es creciente.

En primer lugar, China, tras la India, es el país con mayor número de pobres del planeta y la desigualdad social –el índice de Gini– aumenta sin pausa y muy exponencialmente al igual que las desigualdades entre las ciudades y el campo y entre las diversas regiones. En segundo lugar, China, depende casi totalmente del mercado exterior y de las transnacionales para el desarrollo de sus industrias de tecnología punta, mientras el capital chino, ya sea privado o estatal, está concentrado en las industrias tradicionales con gran intensidad de mano de obra. En tercer lugar, el desarrollo industrial chino se ha levantado en detrimento del medio ambiente, considerado de costo cero y dañado hasta tal punto que en las grandes ciudades que las torna invivibles, y ha destruido irreversiblemente los deltas y zonas tradicionalmente más ricas desde el punto de vista de la producción alimentaria, las cuales han sido cubiertas de cemento por la especulación inmobiliaria con grave daño para la producción arrocera y de verduras y la reproducción de los peces.

Por último, al igual que en la India u otros países del sudeste asiático, los bajos costos de la mano de obra china se basan sobre los bajísimos salarios de una mano de obra semi-esclava, intensamente explotada y sin protección laboral ni sindicatos, pero todavía muy abundante así como en la baja calidad de los productos de consumo y el muy relativo control de calidad de muchos de los productos, como los pollos o los medicamentos. De tal modo ocurre con la depredación ambiental, esta dinámica no puede ser mantenida. Principalmente por las crecientes luchas en protesta por los accidentes laborales o los desastres ambientales, pero también porque la política del hijo único llevado a cabo por el gobierno chino redujo efectivamente la natalidad y el crecimiento demográfico, pero ahora presenta el peligro de la escasez relativa de mano de obra para continuar con el gran crecimiento de la industria y el riesgo causado por la supresión de las mujeres y su actual carencia relativa que afecta la reproducción de la mano de obra y, junto con las luchas obreras, la encarece. La población china no sólo envejece paulatinamente sino que también es cada vez más cara, y ya hay industrias chinas que se deslocalizan a Tailandia o Vietnam, donde los salarios son menores.

De ahí que no faltan en Occidente diversos economistas, tanto marxistas como liberales, que consideran que los “modelos” chino o surcoreano pueden reproducirse en nuestros países. Ellos “olvidan” o simplemente ignoran que el primero –el chino- comenzó al romper su dependencia en los primeros años de la tecnología y gracias a la ayuda de la Unión Soviética y se basó en la existencia de una enorme diáspora de chinos al exterior (y de cientos de miles de millones de dólares pertenecientes a ellos) en el Sudeste asiático, Estados Unidos e incluso Sudamérica, de donde China obtuvo parte importante de su capital inicial. Además, la existencia de una enorme masa trabajadora, joven, acostumbrada a trabajar duramente, disciplinada y desorganizada política y sindicalmente fue, a causa de razones históricas y demográficas un factor único que motivó el crecimiento chino que es imposible reproducir en países occidentales, como Europa o América Latina, con fuertes tradiciones obreras y ciudadanas. Por el contrario, otros países del sudeste asiático, como Corea del Sur se desarrollaron industrialmente gracias a los aportes e inversiones por motivos militares y a fondo perdido de Estados Unidos que requerían después de la guerra de Corea un Estado local sólido y mantuvo una gran guarnición y su “ayuda” militar. Fue esa ocupación militar extranjera la que, al igual que en Japón, cambió la estructura agraria tradicional y desarrolló una industria monopólistica altamente concentrada. Ese modelo también es irrepetible en otros lares.

En conclusión- el capitalismo más salvaje y descontrolado combinado con el despotismo asiático no es precisamente el “modelo” más adecuado para el desarrollo económico en Europa y otros países, ni mucho menos todavía, para la construcción de una sociedad próspera y libre, sin las cuales una democracia social es imposible

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5 comentarios en “China: el “modelo” que no debe ser

  1. POR SUPUESTO, Dan. Totalmente de acuerdo con esta entrada firmada por usted.

    El “éxito” chino se sostiene sobre un modelo único en economía – producción masiva de productos “low cost” gracias a una abundante – y barata en consecuencia – mano de obra. No es eficaz. La demografía china, además, hace que todo esto sea más insostenible de lo que ya es. La población china está envejeciendo y los sueldos suben, comiéndose así el abastecimiento fijo que hasta ahora tenían de, no no, iba a decir trabajadores pero son esclavos.

    Esa política de urbanización acelerada, para alentar a los 200 millones de residentes en zonas rurales de ese país a mudarse a las urbes, no podrá cambiar la tendencia de subida de costes. Eso por no hablar de que China aún no ha dado igualdad de derechos a los 250 millones de trabajadores migratorios en las ciudades, ciudadanos rurales que no tienen acceso a muchísimos servicios municipales por culpa del sistema chino que lo impide, que les impide entrar en el censo/padrón oficial.

    La gente de fuera piensa que las glorias pasadas chinas indican más logros en el futuro. Pero la historia debe desmentir tal estupidez. Mire usted si no el caso español o británico. Muchas glorias imperiales del pasado, poco que aportar hoy en día más allá de esos mitos y el atractivo turístico-cultural que siempre tendremos para los, lo reconozco, super estresados “yanquis” y chinos. Pero la trayectoria china me recuerda a la de un atleta adicto a los estereoides. Al principio, esos atletas superan todo pero luego les sigue un largo periodo de declive.

    Por otro lado, esto: LOS LIBERALES NO ACEPTAMOS EL MODELO CHINO PARA NUESTRAS PATRIAS EN OCCIDENTE

    Concluyo con lo siguiente — algunos principios básicos en estas cuestiones:

    QUEREMOS – un comercio ABIERTO pero TRANSPARENTE, que NO DISCRIMINE a ningún país que cumpla a rajatabla con la carta de los Derechos Humanos.

    QUEREMOS – reconocer el importantísima papel de las empresas serias, tanto públicas como privadas. así como la de las PYMES que crean empleo y riqueza cuando existe un marco regulatorio que frene sus excesos.

    QUEREMOS – una reforma INTEGRAL de las Naciones Unidas, reforzando el Consejo de Seguridad para patrias democráticas que estén absolutamente comprometidas, sí, repito gracias – absolutamente COMPROMETIDAS CON HECHOS, con los derechos humanos OBJETIVOS. Hace falta un Consejo más representativo, eficaz y eficiente para los liberales. ¿¿RUSIA?? FUERA de ese consejo. Hay que responder con más firmeza, contundencia y agresividad a los desafíos globales que presentan PUTIN, CHINA, SIRIA, IRÁN, entre otros…

    QUEREMOS — reiterar nuestra CONDENA ABSOLUTA, sin tapujos, sin pausas, al TERRORISMO en TODAS sus formas, manifestaciones, dondequiera que ocurra, cometa los actos quien lo cometa y debemos expresar de nuevo nuestra preocupación por la continua amenaza del terrorismo en Siria, el terrorismo de ISIS y sus aliados, y debemos llamar a todos nuestros aliados a poner fin a esos actos criminales, terroristas, inhumanos, perpetrados por ISIS, Al Qaeda o sus afiliados y otras organizaciones terroristas.

    QUEREMOS – condenar ENÉRGICAMENTE usar las armas químicas en cualquier circunstancia.

    QUEREMOS — condenar EL MODELO CHINO. No es aceptable JAMÁS para un país libre, representativo, liberal, igualitario y democrático.

    QUEREMOS -. Reiterar nuestro compromiso de contribuir a una justa y PERMANENTE solución global al conflicto palestino-israelí, sobre un marco legal internacional UNIVERSAL, sí, sí, UNIVERSALMENTE RECONOCIDO, Dan. Tenemos los Principios de Madrid y las iniciativas de paz. Queremos una zona en esa región libre de armas nucleares porque no han demostrado ser aliados de la OTAN ni mucho menos de Occidente en general. Por eso Israel, en este caso, SÍ debe mantener su superioridad nuclear y estratégica, sin abuso de poder, sin injerencias y conviviendo en paz perpetua con los palestinos, en su tierra.

    Hay mucho más que debo decir, señor García, pero creo que esto encaja con la entrada. Lo demás distraería demasiado.

    Concluye vd así:

    “En conclusión- el capitalismo más salvaje y descontrolado combinado con el despotismo asiático no es precisamente el “modelo” más adecuado para el desarrollo económico en Europa y otros países, ni mucho menos todavía, para la construcción de una sociedad próspera y libre, sin las cuales una democracia social es imposible”

    Exacto. La esclavitud JAMÁS ha sido un modelo para ningún liberal.

    Saludos

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  2. “El “éxito” chino se sostiene sobre un modelo único en economía – producción masiva de productos “low cost” gracias a una abundante – y barata en consecuencia – mano de obra. No es eficaz”.

    Sí, por eso mercados como el chino o el sudeste asiático han sido una ganga para compañías multinacionales que fabricaban su mercancía a precios ínfimos y después vendían por un coste muchísimo mayor lo que les llevaba a aumentar anualmente sus beneficios. Pero la nueva generación de trabajadores chinos está cada vez más cualificada, exigen mejoras salariales y a aumentado la actividad sindical. Por lo cual muchas multinacionales han tenido que trasladar su producción a economías menos desarrolladas del sureste de Asia como Tailandia, Indonesia, Vietnam, Camboya o Bangladesh, donde los precios son más favorables, pero las condiciones laborales son propias de semi-esclavitud. El mismo escenario de la China anterior a su despegue económico.

    Es una cruda realidad, que hay países y naciones que han prosperado economicamente a partir de poblaciones esclavizadas (o semiesclavizadas), como Haití o Jamaica, simple y llanamente porque para producir barato un producto necesitaban que los costes de los trabajadores fueran lo más bajos posible: ningún hombre libre aceptaba trabajar en las plantaciones de azúcar del Caribe si no era por un sueldo. Estamos hablando en líneas generales, claro. Eso no sucede ciertamente en otras áreas.

    Por eso hay que dejar claro el mensaje: “da igual la eficiencia si no hay justicia social”. Mi persona, nuestros compatriotas, nuestros congéneres, nuestro bienestar, VAN POR ENCIMA de la supuesta eficiencia productiva.

    Ahí es donde entra el lado social de esa ciencia social que es la Economía. Una sociedad democráticamente constituída es la que debe decidir hasta dónde está dispuesta a llegar en este sentido.

    Competitividad, sí, pero no cualquier competitividad. Competir con esclavos no es cometir en igualdad de condiciones ni por méritos. Así también me hago rico yo, ¿no te fastidia?

    Ésa es otra de las cuestiones ideológicas que abundan entre muchos economistas supuestamente liberales: que cualquier globalización es buena. Y eso es rotundamente falso. Es más, demostrado científica y empíricamente.

    Ésa forma parte de una buena tanda de ideas y dogmas de fe que repiten gente como los Rallo y compañía, como mantras indistutibles porque según ellos son ciertos sí o sí, cuando en realidad son falsos a más no poder: “los mercados se regulan solos”, “no hay que intervenir”, “la globalización y la eliminación de controles son buenas”, “la competitividad es siempre buena”.

    Un solo ejemplo: hace años que se demostró que la competitividad es “buena” sólo hasta cierto punto, a partir del cual, es incluso perjudicial. No es cierto que la competitividad sea buena siempre. También se demostró que, al contrario de lo que asumen muchos radicales de izquierda, no TODA competitividad es “mala”.

    “La demografía china, además, hace que todo esto sea más insostenible de lo que ya es. La población china está envejeciendo y los sueldos suben, comiéndose así el abastecimiento fijo que hasta ahora tenían de, no no, iba a decir trabajadores pero son esclavos”.

    Sí, y todo ello debido a la política de un solo hijo (una medida que puso ser razonable en su momento para disminuir la elevada población china), lo que ha ocasionado ahora es un problema inverso: cada vez nacen menos niños, lo que significa que habrá menos gente que se incorpore a la población activa. Las estadísticas confirman que para mediados de este siglo, China será el país más envejecido del mundo, y su población acabará consumiendo más que de lo que produzca su escasa población activa. Y esto va a repercutir en la potencia china a todos los niveles, sobre todo el económico. El gigante chino tiene los pies de barro.

    “La gente de fuera piensa que las glorias pasadas chinas indican más logros en el futuro. Pero la historia debe desmentir tal estupidez. Mire usted si no el caso español o británico. Muchas glorias imperiales del pasado, poco que aportar hoy en día más allá de esos mitos y el atractivo turístico-cultural que siempre tendremos para los, lo reconozco, super estresados “yanquis” y chinos”.

    Ciertamente la historia patria no da de comer. Y si un país quiere ser algo, debe ser algo más que un país museo, como ocurre en España y el resto de países europeos.

    “Esa política de urbanización acelerada, para alentar a los 200 millones de residentes en zonas rurales de ese país a mudarse a las urbes, no podrá cambiar la tendencia de subida de costes. Eso por no hablar de que China aún no ha dado igualdad de derechos a los 250 millones de trabajadores migratorios en las ciudades, ciudadanos rurales que no tienen acceso a muchísimos servicios municipales por culpa del sistema chino que lo impide, que les impide entrar en el censo/padrón oficial”.

    Si hubiera que buscar un paralelismo histórico en el espectacular crecimiento económico chino de los últimas décadas, ello se podría encontrar en el Reino Unido hace 200 años. El crecimiento económico de Inglaterra también fue el más veloz que la de cualquier otra economía en la historia de la humanidad hasta ese momento, fue un capitalismo emergente que tampoco tenía precedentes en la historia. Un crecimiento que también dio lugar a serios problemas. También surgió una creciente inequidad. Hubo una enajenación de los bienes de pequeños agricultores, en lo que se dio en llamar “el movimiento de cierre”. Y también surgió una enorme hubo polución urbana y las inhumanas condiciones laborales de las fábricas que William Blake denominó “oscuros molinos satánicos”.

    También existieron brotes de malestar social. Vale recordar a los Luditas, que respondieron a la mecanización de la industria textil del siglo XIX haciendo trizas la nueva tecnología, y los disturbios de Swing, en los que los trabajadores destruyeron trilladoras.

    Digamos que la situación actual de China es como la de Reino Unido hace dos siglos. Pero es necesario marcar la diferencia: los políticos británicos respondieron a este crecimiento descontrolado con diversas políticas de corte social. Reformaron por ejemplo la red de seguridad social, como la Nueva Ley de Pobres de 1834, que establecía parámetros nacionales para los beneficios sociales, y otras medidas en este sentido. Los políticos británicos tampoco buscaron mantener a cualquier costo la posición del país como la economía de más rápido crecimiento del mundo, ni siquiera cuando Estados Unidos, Alemania y otros países superaron a Gran Bretaña a fines del siglo diecinueve.

    Por eso, si los líderes chinos tomaran ejemplo de lo que emprendieron sus predecesores ingleses del siglo diecinueve, sin duda les iría mucho mejor.

    Por lo demás, totalmente de acuerdo con el resto del comentario.

    Saludos.

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  3. SPLASH OF SILENCEHe left his room in disarray – toy cars scattered, coloring books on the floor with broken crayons. He didn’t make his bed this morning. How his mother would like to straighten the sheets, pull up the comforter, and fluff the pillow in its place. She watches at the window as a searcher follows his dog down the street. creekwater giggles –a deep pool under wiacowdlnles small debris

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