Ucrania: una guerra bajo el sello de Gazprom

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Desde noviembre pasado Ucrania no ha dejado de ser portada de los principales rotativos internacionales. Lo que comenzó como manifestaciones, en enero pasó a revueltas, en marzo a revolución y desde mayo ya se habla de una guerra civil

Todo comenzó en mayo de 2013 a partir de unas protestas ciudadanas contra la gestión del presidente de la nación, Viktor Yanukóvich. Ya en noviembre, mientras continuaban las protestas ciudadanas, Rusia empezó a amenazar a Ucrania con la negativa a revisar sus acuerdos energéticos si se unía a la Unión Europea. En este punto empieza la tensión de la Unión Europea con Rusia. A lo largo de los meses de enero y febrero continúan las protestas y cae el Gobierno de Yanukóvich pero, al mismo tiempo, Rusia muestra especial interés por la península de Crimea y crece la tensión entre ambas naciones.

Rusia ha entrado en el conflicto consecuencia de la posible pérdida de su influencia en Ucrania tras ocupar el Gobierno personas afines a los intereses pro-europeos, y su ofensiva se han centrado en un territorio como es la Península de Crimea. A partir de entonces, se plantea el “dilema” de si Ucrania se echará al regazo de la UE o a la unión aduanera de Rusia con Bielorrusia y Kazajstán.

Pero ¿por qué a partir de un conflicto local se están generando importantes problemas con consecuencias mundiales, en donde están entrando en liza todos los países europeos y hasta los Estados Unidos?. La respuesta es sencilla: Ucrania es un país por el cual pasan tres principales gasoductos que transportan el gas natural desde los yacimientos rusos hasta los países europeos, principalmente los del Norte y Centro Europeos.

Por su situación geográfica, Ucrania ocupa un lugar clave para el suministro de gas natural en Europa. Rusia es el mayor proveedor de gas de la Unión Europea y por territorio ucraniano transita el 80% de los gasoductos procedentes de Rusia. Este gas supone aproximadamente el 30% del consumo de la UE y 15 países, siendo Alemania el principal comprador. Asimismo el epicentro de las disputas se encuentran actualmente en Crimea, consecuencia de las reservas que esta Península tienen, lo que haría facilitar la independencia energética de Ucrania con respecto a Rusia, y ésta no lo desea. Si Rusia decidiera recortar el suministro de gas a Europa, ésta tendría serios problemas de abastecimientos con una ralentización importante de las economías de varios países, y esto es lo que precisamente la Unión Europea no puede consentir. Por este motivo, el monopolista ruso Gazprom recortó en 25% el suministro de gas a Ucrania, lo que pone en peligro el abastecimiento destinado a la Unión Europea.

The company logo of Russian natural gas producer Gazprom is seen on an advertisement installed on the roof of a building in St. Petersburg

En España por el momento, no tenemos nada que temer. El gas que consumimos procede principalmente del norte de África, así como a través de las regasificadoras que tenemos en varios puntos de nuestras costas, lo que nos posibilita ser más independientes desde el punto de vista energético y no estar supeditados en único país de suministro.

No obstante, lo que este conflicto nos está enseñando, nuevamente, es la enorme dependencia que tiene Europa en lo que respecta a fuentes de energía primaria procedentes de otros países. En el caso que nos atañe, es necesario establecer un Plan Energético Integral Europeo, en donde tengan peso todas las fuentes energéticas (nucleares, carbón, ciclos combinados, etc…) en el territorio, y por supuesto favoreciendo el uso de las energías renovables, completamente autóctonas y no dependientes de terceros países. Esto posibilitará poseer una capacidad de respuesta frente a situaciones de crisis como la que se está viviendo a causa del conflicto en Ucrania, y frente a lo que se nos puede avecinar en un futuro.

La constitución de reservas energéticas, con planificaciones energéticas, sin ningún tipo de interés de por medio (esto es algo bastante complicado), posibilitaría tener un sistema a imagen y semejanza del sistema norteamericano, que ha logrado la independencia energética gracias a la técnica del fracking y comercialización de sus abundantes y baratos petróleo y gas de esquisto. Esto es al fin y al cabo, es lo que tenemos que perseguir.

Por el momento urge que la UE adopte una estrategia común hacía Rusia para impedir que ésta utilice sus fuentes de energía como medio de coaccionar políticamente a sus vecinos europeos.

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