Algunas reflexiones sobre Podemos

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Las elecciones europeas del pasado 25 de mayo depararon una sorpresa mayúscula en los cinco escaños conseguidos por la formación Podemos, que hasta entonces habían pasado desapercibidos por los radares de todas las encuestas previas, que le pronosticaban a lo sumo dos eurodiputados.

Con tan sólo tres meses de existencia y con un presupuesto ridículo, la formación liderada por Pablo Iglesias se convirtió en cuarta fuerza política por delante de UPyD. Todo aquél que sigue con frecuencia la actualidad política se quedó asombrado. ¿Quién demonios es esta gente que en tres meses consigue el 8% de los votos? También cabe decir que las elecciones europeas, por su mínima trascendencia, suelen utilizarse como voto de castigo. Por tanto podríamos pensar que lo de Podemos representa la indignación de las clases medias estafadas y empobrecidas y de los jóvenes universitarios contestatarios. Pero mientras escribo estas líneas, según las encuestas del CIS, Podemos se sitúa como la primera fuerza política en intención de voto. No muy lejos del PSOE.

El ascenso electoral de este nuevo partido ha provocado la reacción de adversarios políticos de todo signo. Un ejemplo de esto fue un vídeo creado para denunciar una información de Antena3 sobre los planes de comunicación de Pablo Iglesias, si llegaba al poder. En la información de este canal televisivo, Iglesias parece declarar que “le molaría” tener un programa como el ‘Aló Presidente’ del anterior mandatario venezolano Hugo Chávez. En el mismo vídeo, se comprueba que la respuesta a dicha pregunta se resuelve con un rotundo: “Evidentemente no“.

Por otra parte, Pablo Sebastián asegura que hay una conspiración para dar el poder al PP y hundir al PSOE inflando a Podemos en La Sexta. Mientras que en la izquierda radical, el rapero Pablo Hasel lanzó sus críticas a la formación liderada por Pablo Iglesias tachando a esa formación es parte de un plan de la oligarquía financiera y el imperialismo para elaborar un plan consistente en crear una organización para que pusiera fin al régimen del bipartidismo imperfecto, imperante en España desde el inicio de la democracia.

Pero la realidad es bien diferente lejos de cualquier teoría conspirativa. El motivo principal del ascenso de Podemos tuvo su origen en que a un sector de la oligarquía representado por Intereconomía, Jiménez Losantos y compañía, les salió el tiro por la culata. Llevaron a Pablo Iglesias a los platós de TV para hacerlo servir de esparrin. A quien apoyaban realmente era a Mario Conde al que presentaron a las elecciones gallegas, y dedicaron ingentes cantidades de recursos y tiempo televisivo en promocionar a un partido, VOX, del que ya nadie se acuerda.

Luego contra Iglesias quisieron probar fortuna Maruendas, Indas, Aguirres… y todos ellos eran derribados dialécticamente uno tras otro, a veces por pares, cuantos adversarios la derecha le oponía en los platós de televisión, incluidos los representantes del PSOE e IU.

Analizando quien fue y quien es Pablo Iglesias en el mundo televisivo, no hay duda de que antes era un don nadie. Un joven, con estudios y un pequeño medio de televisión llamado La Tuerka. Intereconomía lo colocó frente a Jiménez Losantos y se lo merendó dialécticamente, algo que supuso muchísimos retuiteos, vídeos de YouTube y entradas de Facebook, precisamente porque él, literalmente un don nadie hizo lo que muchos deseaban; y es dar una paliza dialéctica a los adalides de la derecha. Su fama deriva porque hizo lo que nadie se esperaba y era ganarles un debate en sus propios medios. Todos sabemos que eso vende independientemente de que el día de mañana se vuelva contra todos los que lo lanzan diariamente. Hay una premisa a la hora de hacer negocios, y es “que el último euro se lo lleve otro” y mientras haya audiencia, al coletas lo seguirán prodigando en televisión. Muchos personajes de izquierdas han asistido a debates televisivos, desde Carrillo hasta Alberto Garzón, pero nunca con el fin de otorgar audiencia. Iban y van para dar una imagen de pluralismo en los debates, no porque sean atractivos para el espectador. Pero Iglesias es rentable en la televisión del espectáculo, y eso es una novedad.

Por otra parte, no faltaba quien defendía la teoría de que Pablo Iglesias era la marioneta de PRISA (grupo que posee el canal Cuatro y El País) y de los mandamases de La Sexta. Si no podemos explicar el éxito de la izquierda, será que le están financiando el gran capital. El caso es que incluso Juan Luis Cebrián dijo que simpatizaba con algunas ideas de Podemos, como la lucha contra la corrupción. Pero, ¿cómo van a defender los medios de comunicación a un partido que defiende una ley de medios que les haría desaparecer? Citemos el programa para las europeas de Podemos:

Separación por ley de la propiedad de los grupos financieros y comunicativos, garantizando así la independencia de todos los medios de información de los diferentes gobiernos y grandes grupos empresariales.

¿Alguien puede pensar que un medio controlado por bancos y magnates iba a querer que Podemos gane las elecciones? Otra cosa es que la prensa, incluido El País, haya avistado en un primer momento la oportunidad de tener una izquierda inofensiva frente a IU. Pero en seguida se dieron cuenta de que la cosa no iba por ahí. El caso de El Pais es muy ilustrativo: difundió un par de noticias favorables a Podemos pero a los pocos días afirmaba en portada que la financiación del partido proviene indirectamente de la Venezuela chavista o que la formación recuerda al populismo latinoamericano. Mientras en el otro periódico de España difundían las relaciones de Pablo Iglesias con ETA. Un poco raro eso de alzar a Podemos mientras le acusan de etarra y chavista.

Ahora bien, ¿qué propone exactamente Podemos? ¿Quieren simplemente reformar el sistema, como da la impresión? ¿o proponen un programa rupturista que haría volar en pedazos al actual régimen oligárquico y sus gestores políticos? No vamos a citar todo el programa al completo sino sólo los puntos más importantes. Veamos sus principales postulados.

En el aspecto económico las principales reivindicaciones serían las siguientes:

“Programa de inversiones y políticas públicas para la reactivación económica, la creación de empleo de calidad y la reconversión del modelo productivo hacia una economía basada en la innovación que contribuya al bien común teniendo en cuenta criterios de responsabilidad social, ética y medioambiental. Promoción del protagonismo de la pequeña y mediana empresa en la creación de empleo, resaltando el papel de las entidades de la economía social. Política de contratación pública favorable a la pequeña y mediana empresa que incluya cláusulas sociales en la adjudicación de los contratos. Reducción de la jornada laboral a 35 horas semanales y de la edad de jubilación a 60 años, como mecanismos para redistribuir equitativamente el trabajo y la riqueza, favoreciendo la conciliación familiar”.

Este punto consiste en atraer a la pequeña y mediana empresa hacia un bloque popular que derroque a las grandes empresas y sus amos financieros.

Si continuamos leyendo el programa económico de Podemos encontramos la clásica reivindicación de nacionalizar sectores estratégicos:

“Recuperación del control público en los sectores estratégicos de la economía: telecomunicaciones, energía, alimentación, transporte, sanitario, farmacéutico y educativo, mediante la adquisición pública de una parte de los mismos, que garantice una participación mayoritaria pública en sus consejos de administración y/o creación de empresas estatales que suministren estos servicios de forma universal”.

La idea de este punto es racionalizar ciertos sectores económicos que obviamente no pueden quedar en manos privadas. Si esto las clases dominantes de este país podían aceptarlo a regañadientes hace 40 años, hoy significaría entrar en guerra abierta contra éstas. El sistema oligárquico actual no puede aceptar en estos tiempos la aplicación de medidas socialdemócratas, pues precisamente el sistema neoliberal imperante está en un fase de desmantelamiento del Estado de bienestar como también de cualquier resquicio de la era keynesiana.

Otra reforma social que podría ser hasta rupturista es la siguiente:

“Establecimiento de un nuevo modelo con el fin de evitar la doble tributación y prevenir el fraude fiscal, con sanciones penales y la obligación de devolver lo defraudado. Incrementar la democracia económica facilitando la participación de los trabajadores en los consejos de administración de las empresas y, por lo tanto, en la gestión de las mismas, con pleno acceso a la información relevante y la contabilidad”.

Aquí se habla no sólo de penalizar el fraude fiscal, sino también de que los trabajadores puedan participar en los Consejos de administración. Podemos plantea reformas que el actual sistema neoliberal no quiere aceptar. La puesta en práctica de los puntos citados de su programa significaría simplemente el estallido del conflicto de clases en España. Las reformas llevarían a la destrucción del actual sistema oligárquico, o al menos a que este se jugase sus últimas cartas lanzándose en una guerra abierta contra la implantación de estas medidas.

En su programa encontramos básicamente las mismas propuestas socialdemócratas que eran propias del Miterrand de 1981 (quien era líder del Partido Socialista Francés) o del propio PSOE de los años 80 que de ponerse en práctica hoy harían saltar por los aires el sistema neoliberal. También encontramos, por supuesto, propuestas ecológicas y sociales básicas.

La conclusión es que si Podemos consigue ganar las elecciones y obtiene el poder político, y conservan la voluntad política de llevar este programa económico adelante, el principal problema que se le planteará al hipotético gobierno no es la fuga de capitales, ni un pretendido descenso de la productividad, por los supuestos errores en la planificación económica de dicho gobierno, sino que al cercenar la base del poder económico de la oligarquía, la casta intentará dar un golpe de Estado, y si no lo consiguen le declarará la guerra a Podemos, como pasó con el Frente Popular que a tres meses de ganar las elecciones le dieron un golpe de Estado, cuyo fracaso inicial provocó la Guerra Civil.

Por tanto, bajo un hipotético gobierno de Podemos sí habrá un empeoramiento momentáneo en las condiciones de vida de las clases populares en España, pero no por la actuación de ese hipotético gobierno, sino por la reacción de la casta ante un gobierno que les priva de sus ancestrales privilegios.

Por ahora es aventurado suponer que no van a haber variaciones en los transvases de voto que se observan en las encuestas que vaticinan a Podemos un triunfo electoral. Pero de lo que no cabe duda es que su ascenso electoral hace presente una dinámica de fragmentación partidista que se hará muy intensa en el próximo ciclo electoral y la cual estará marcada por el ascenso de nuevos partidos. Ello supondrá una crisis definitiva del sistema político bipartidismo surgido de la Transición. En otras palabras: el bipartidismo español está herido de muerte.

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