El ébola y la mercantilización de la salud

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El Ébola es uno de virus más mortíferos, con tasas que van desde el 50 hasta incluso el 90% de mortalidad (esto quiere decir que si se infectan 100 personas, 90 mueren por el virus). Se trata de una cepa viral que está clasificada como potencial agente de guerra biológica. Los primeros brotes de fiebres hemorrágicas por Ébola se describieron en Zaire (ahora Congo) y en Sudán en 1976. Desde entonces se han registrado 20 brotes de Ébola en África central, la mayoría causados por la especie Zaire ebolavirus. Pese a que esta enfermedad causó unas 1.590 muertes en África entre 1976 y 2013, según la Organización Mundial de la Salud, no ha sido hasta que la enfermedad ha llegado a Europa y Estados Unidos cuando se han acelerado los procesos para encontrar un antídoto.

En un tiempo record y saltándose varias fases de ensayos, una farmacéutica elaboró un suero que se administró de forma excepcional a algunos enfermos. En España, la improvisación ha sido aún mayor, algo que quedó en evidencia con los fallos de protocolo para atender a los pacientes. Según las organizaciones que trabajan sobre el terreno, y cuando más probabilidades de que este virus se expanda por Occidente, se anuncia que, a principios de 2015, habrá disponibles siete medicamentos experimentales. La carrera en busca del fármaco que cure la epidemia del ébola ha comenzado. La empresa que llegue primero obtendrá mayores beneficios. Entre las mejor situadas en el mercado se encuentra Mapp Biopharmaceutical, con el Zmapp, un medicamento que está siendo subvencionado en parte por los gobiernos de Estados Unidos y Canadá y que tiene su origen en las investigaciones del Ejército Norteamericano.

Y es que de la crisis de ébola revela una vez más cómo es la industria farmacéutica quien marca los pasos. Virus como la Hepatitis C, el cáncer de mama o patologías de las llamadas raras están en manos de esta industria. Algo que también hizo con tratamientos ya en el mercado como el Herceptin (un fármaco para tratar el cáncer de mama metastásico). Este fármaco fue retirado en 2011 por parte de la empresa Roche de los hospitales griegos. ¿La causa? Que el gobierno heleno no era capaz de hacer frente a las facturas pendientes con la industria farmacéutica. Poco importó que ese tipo de cáncer fuera de los más letales, pese a que el fármaco en cuestión hubiera demostrado una eficacia curativa probada. En lo que respecta al ébola de África, esta epidemia que hasta ahora se ha cobrado bastante más de 2.000 vidas, podría haberse evitado desde el principio si se hubiera desarrollado una vacuna y se hubiera hecho acopio de una cantidad adecuada de dosis.

En otras palabras: las farmacéuticas sólo diseñan medicinas para quienes pueden pagarlas. Pero hay que entender que la I+D farmacéuticos son una empresa muy costosa. Para lograr cualquier retorno de la inversión, las empresas deben trabajar en áreas que saben que van a generar ingresos significativos. Un nuevo medicamento para tratar el cáncer cerebral podría satisfacer una necesidad médica importante, al igual que un fármaco para tratar la tripanosomiasis humana africana (enfermedad del sueño). Sin embargo, un medicamento para tratar el cáncer cerebral generará ingresos significativos, pero un medicamento para tratar la enfermedad del sueño en África no lo hará. Las compañías farmacéuticas reconocen que los pacientes a menudo necesitan ayudas para pagar los medicamentos que salvan vidas y por ello se han establecido programas de asistencia a los pacientes. Algunas empresas otorgan facilidades financieras similares en el mundo en desarrollo para proporcionar acceso a los medicamentos en los países pobres. Un somero vistazo a la página web de Pfizer muestra múltiples programas de esos, incluyendo Connections to Care, un programa que permite a los pacientes sin recursos económicos suficientes obtener medicamentos de forma gratuita a través de las oficinas de sus doctores, y Sharing the Care, un programa que ayuda a los pacientes sin seguro a obtener medicamentos de Pfizer gratuitamente a través de los centros participantes de salud y hospitales de su comunidad.

No deja de resultar obsceno que las investigaciones que llevan a cabo en el ámbito de la salud pública sean decididas en buena parte por empresas privadas que se guían por los esquemas de costo-beneficio. Pero la industria farmacéutica no deja de ser un conglomerado de empresas, muchas de las cuales cotizan en bolsa y que a finales de año tienen que presentar cuentas de resultados ante sus socios, accionistas e inversores. Por mencionar datos de la consultora Office of Health Economics, la investigación y desarrollo de un nuevo medicamento requería en 2011 de una inversión media de 1.172 millones de euros. Además, son necesarias millones de horas de trabajo, tal y como se afirmaba en un estudio presentado el año pasado por la Federación Internacional de la Industria del Medicamento (IFPMA). Con semejantes cifras no es de extrañar que las farmacéuticas se centren en desarrollar productos para patologías con un alto índice de prevalencia y con tratamientos duraderos como la hipertensión o la obesidad. Mientras no haya quienes estudien para regalar su trabajo y años de investigación, parece poco probable que las cosas vayan a cambiar en este sentido.

Salud y economía son dos palabras que generan controversias. Josep María Suñé, profesor de Farmacia de la Universidad de Barcelona, recuerda que la mayoría de los laboratorios pertenecen a la industria farmacéutica y que los públicos desarrollan una investigación más básica, con “elementos conceptuales que la mayoría de las veces no terminan en el mercado y que, como mucho, pueden esperar llegar a un acuerdo con la industria para transferir ese conocimiento“. Suñé denuncia que en España “la investigación es un desastre porque el dinero público no llega“, y la transferencia de conocimiento hacia la empresa no está al nivel de otros países “Aquí tenemos el Centro Superior de Investigaciones Científicas CSIC, al que le han recortado tanto el presupuesto que se ha quedado sin dinero para hacer investigaciones“.

Sin duda se hace necesario revisar el régimen de patentes. También a nivel ciudadano debemos exigir una mayor inversión pública en investigación farmacéuticas así promover iniciativas no guiadas por el lucro. Tenemos ejemplos como los ensayos clínicos independientes, esto es, los que no están sufragados por la industria, representan en España alrededor del 30% del total. Estos ensayos los realizan principalmente grupos que trabajan en red. La mayoría de ellos, tanto públicos como privados, se llevan a cabo en hospitales de la red de asistencial pública. La industria costea directamente al centro sanitario y para ello contrata una CRO -una compañía intermediaria especializada en monitorear ensayos clínicos-, que es la que lo organiza. El hospital recibe dinero por ello. Los estudios de Fase I, esto es, con sujetos sanos, son los más baratos, pero según se avanza en la investigación aumenta el presupuesto.

Una empresa privada se rige por el juego de las leyes del mercado -entre la oferta y de la demanda solvente-. El negocio de las farmacéuticas es la “enfermedad”, con lo cual eliminada la enfermedad, el negocio de las farmacéuticas desaparecería. De ahí que sea preciso que el “enfermo” se recupere de su dolencia mediante el uso de fármacos que le conducirán a otra enfermedad (los “efectos secundarios”). Por eso, sin una planificación pública sobre la industria de la salud, la prolongación de enfermedades como el ébola y supeditación de nuestra salud a intereses privados se van a repetir continuamente.

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2 comentarios en “El ébola y la mercantilización de la salud

  1. Otro excelente artículo, Daniel. Por supuesto, no tengo esta vez ninguna crítica que aportar y solo unas pinceladas:

    Hace unos días comenté, horrorizando a los “rectos” y “bienpensantes” que si la mayoría de las víctimas del ebola fueran blancas y adineradas, ya se habría resuelto el problema. Pero lo cierto es que, como comentas, el papel del “mercado” en el hecho de que las empresas farmacéuticas SE NIEGUEN a investigar para mejorar o eliminar el virus, y las condiciones generadas por políticas libegales (que no liberales) ayudan a aumentar los brotes y nadie habla de eso salvo algunas voces valientes. Tú, por ejemplo.

    Pero piénsalo bien – imagínate que en una región de Canadá, EEUU o Europa tuviésemos 450 personas muriendo de una fiebre diaria. Sería inaceptable – y si es inaceptable en Europa o en EEUU, TAMBIÉN ES INACEPTABLE EN ÁFRICA.

    Por cierto, estas no son mis palabras solamente ni las palabras de un peligroso radical. Lo dice también la fundación WELLCOME TRUST: http://www.wellcome.ac.uk/

    Mira en el 2009, había una vacuna experimental canadiense contra el ébola que fue usada en una situación de emergencia a un investigador alemán en el 2009 después de un accidente en el laboratorio. ¡No veas como se pusieron desesperados para ayudar al técnico alemán! Pero claro, ahora mueren negros…

    En todo caso, no es una enfermedad de la que se pueda sacar pasta, como bien dices.

    Pero, de hecho además, la última década sí ha sido testigo de un avance tremendo en la investigación para terápias contra el ebola – qué casualidad, en el ¡SECTOR PÚBLICO! o por empresas pequeñas “biotech” como dicen en USA, con mucho dinero o financiación pública, de nuevo. Tienen terápias anticuerpo, una variedad de tratamientos opcionales y vacunas – cinco de las cuales han protegido a primates no humanos del ebola.

    Me ha gustado también tus dos últimos párrafos. Es lo más poderoso del artículo.

    Necesitamos una campaña más amplia que cubra no solo una enfermedad sino toda la panoplia de fallos del mercado con respecto al desarrollo de estos fármacos, enfermedades tropicales ignoradas, y todas las enfermedades generadas por la pobreza. Necesitamos un activismo basado en la ciencia que tenga objetivos a largo plazo, que sea ambicioso y pueda tener como objetivo primordial LA CONQUISTA DEMOCRÁTICA de la industria farmacéutica.

    Saludos

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