Las vidas de los negros también importan

JimCrowInDurhamNC

Tan sólo minutos después del veredicto que absolvía a Darren Wilson por el asesinato a sangre fría de Mike Brown, miles de personas tomaron las calles en señal de protesta. En Ferguson, Nueva York, Oakland, Chicago y decenas de ciudades más. Avenidas, autopistas, puentes y túneles fueron tomados por multitudes y los medios mostraron imágenes que no habíamos visto en muchos años.

El veredicto no fue ninguna sorpresa. La decisión final de no procesar a Wilson no era algo sorprendente, pero esa previsibilidad no contribuyó a contener la ira y la frustración que se ha formado parte del ritual de duelo por la pérdida de otro joven afroamericano a manos de la policía estadounidense. Michael Brown es una víctima más de una larga lista de asesinatos impunes contra ciudadanos negros desarmados por parte de la policía. Este suceso pone de manifiesto la cruda realidad del racismo institucionalizado en los EEUU. El mensaje que el Estado, la policía y el sistema de justicia penal envían de manera implícita, es que las vidas de las personas negras son baratas y prescindibles.

Sólo unos dias antes del asesinato de Michael Brown, la policía de Cleveland asesinó a una mujer afroamericana desarmada, Tanisha Anderson. Posteriormente, Akai Gurley, un hombre negro de 28 años, recibió un disparo en el pecho y falleció en un complejo de viviendas sociales del este de Nueva York. Acababa de despedirse de su novia y, como el ascensor del edificio no funcionaba por culpa de la falta de fondos públicos, Gurley bajó por un tramo de escaleras con poca luz donde accidentalmente recibió varios disparos por parte del oficial Peter Liang.

El domingo pasado en Cleveland, Ohio, Tamir Rice, un niño de 12 años murió por los disparos de un agente de policía mientras jugaba en el parque con una pistola de plástico. La llamada que alertó a la policía indicó que “posiblemente fuera una pistola de juguete”. El oficial al teléfono le pidió que indicara si se trataba de un chico blanco o negro el que jugaba con la pistola.

Y justo en el momento que escribo estas líneas, los medios informan de que un jurado de Nueva York acaba de absolver a Daniel Pantaleo, el policía que causó la muerte al afroamericano Eric Garner, de 43 años, el pasado mes de julio al aplicarle una llave de estrangulamiento prohibida en una detención en plena calle. El fallo judicial ya ha provocado manifestaciones de diversa consideración en varios puntos de la ciudad, las cuales ya se han saldado con varios detenidos y que nuevamente asoman el temor al estallido de nuevos brotes de violencia como los acaecidos hace apenas una semana con motivo de la absolución al agente Darren Wilson.

Pero en los medios de comunicación estadounidenses existe una obstinada negativa a abrir un serio debate sobre la cuestión que ayude a abordar cualquier cambio significativo en lo que respecta a la aplicación de la ley en el país. En cambio, los principales medios e incluso el presidente, Barack Obama, prefieren desviar el asunto y centrarse casi exclusivamente en la violencia potencial protagonizada por los activistas y manifestantes negros contra la brutalidad de la policía, en particular en Ferguson, Missouri.

Según las estadísticas, los policías blancos son 21 veces más propensos a disparar a un hombre negro que a un hombre blanco. Mientras que los agentes negros están involucrados en sólo el 10 por ciento de los disparos que efectúa la policía, pero el 78 por ciento de las víctimas que disparan son afroamericanos.

El FBI ha calculado que de 2007 al 2012, los policías blancos han matado al menos a dos hombres negros cada una y todas las semanas – aproximadamente 500 muertes en total. Para poner esto en perspectiva, consideremos que en los cinco años anteriores a la introducción de la legislación contra el linchamiento federal en 1922, se registraron 284 linchamientos de afroamericanos. La epidemia del racismo se está inoculando a través de los vasos sanguíneos de cada institución vinculada al sistema de justicia penal estadounidense.

La violencia policial es sólo un aspecto más de todo un sistema de justicia penal racista que se alimenta de la sangre de cadáveres negros. Así mismo, la comunidad afroamericana constituye el 38% de los arrestos que forman parte de la guerra contra las drogas, como también el 59% de los condenados por tráfico ilícito de drogas. Por mencionar sólo una estadística que ilustra estas disparidades, los afroamericanos constituyen el 13 por ciento de los consumidores de drogas en EEUU- más o menos el equivalente a su proporción en la población en su conjunto -,y  son el 46 por ciento de los condenados por delitos de tráfico y consumo de estupefacientes.

Un artículo aparecido el 21 de abril de 1990 en el Oakland Tribune muestra sin ambigüedades que la guerra contra la droga se ha convertido en la práctica en una guerra contra la comunidad afroamericana. Hay muchas razones que explican la situación, entre ellas que los agentes antidroga suelen centrarse en las comunidades negras para así poder efectuar arrestos fáciles y rápidos, los cuales son cada vez más demandados por los funcionarios municipales como una demostración pública de que están luchando contra el crimen.

La situación de marginalidad en la que viven las comunidades afroamericanas no es un fenómeno casual. Los gobiernos locales, estatales y federales se han dedicado a degradar lentamente los barrios negros, reduciendo el presupuesto destinado a la construcción de escuelas y viviendas públicas, cerrando clínicas y hospitales públicos y recortando los fondos para programas sociales. Igualmente estos gobiernos promovieron la destrucción de puestos de trabajo del sector público que constituían la fuente de ingresos medios para la mayoría de ciudadanos afroamericanos, y en su lugar promovieron subempleos de baja remuneración en el sector privado. Por si esto fuera poco, el encarcelamiento masivo de cientos de miles de hombres y mujeres de raza negra han dejado a la mayoría de ellos incapacitados para integrarse en el mercado de laboral, con la consiguiente situación de pobreza, marginación y exclusión social que ello conlleva. En suma, estos factores se combinan haciendo a las comunidades negras más propensas a sumergirse en el mundo de la delincuencia y al mismo tiempo de ser objeto de los embates de la policía, suscitando así la criminalización social de este colectivo.

Estas nefastas prácticas policiales se han convertido en una forma de política pública, la cual obstaculiza todas aquellas soluciones que los políticos puedan plantear. De hecho, los gobiernos tienen muy pocos recursos que ofrecer más allá de estudios, investigaciones y vagos llamamientos a la justicia. La decisión del gran jurado de Ferguson de absolver a Darren Wilson -en un jurado popular constituido por solo tres negros y una mayoría blanca- solo servirá una vez más para dar a la policía de todo el país licencia con la que seguir matando a afroamericanos desarmados.

Sin embargo, la indignación generada por la muerte del joven Michael Brown, así como la absolución del policía que causó su muerte no solo ha despertado movilizaciones masivas en todo los EEUU, también ha ayudado a generar un gran movimiento activista afroamericano que remonta sus raíces en las protestas que se organizaron para detener la ejecución del negro condenado a muerte Troy Davis en Georgia en el otoño de 2011. De ese mismo espíritu de protesta surgieron también las movilizaciones que lograron que George Zimmerman fuera arrestado por el asesinato de Trayvon Martin , y que nuevamente volvieron a resurgir después de que Zimmerman fuera absuelto por los tribunales.

Las miles de manifestaciones multirraciales de los últimas semanas así lo han dejado patente. Es tarea ineludible ser conscientes de que existe todo un sistema racista que subyace en en interior de las instituciones del país. Igualmente es necesario exigir el fin de la violencia policial irracional, y como no: también reclamar justicia, empleo y la seguridad de poder caminar por las calles sin temor a ser disparado por el simple hecho de ser negro. Además cabe exigir también la creación de juntas civiles que reflejen la composición demográfica de aquellas comunidades donde la policía es acusada de mala conducta. Es necesario exigir una ley federal contra la discriminación racial en todos los ámbitos públicos. Es menester también exigir que todo aquél agente de policía acusado de abuso o asesinato, sea arrestado y puesto a disposición judicial a través de un proceso legal, como se hace con cualquier otra persona imputada por un delito.

Las movilizaciones generadas como respuesta al asesinato de Mike Brown y la posterior absolución judicial de su asesino, ha ayudado pues a consolidar un marco de concienciación social para la construcción de este movimiento activista en defensa de los derechos civiles de la comunidad afroamericana. Está claro que solo un movimiento de masas será capaz de detener la sangría que supone el asesinato sin sentido de jóvenes negros a manos de la policía estadounidense.

> En la imagen, anden de espera solo para negros situado en la estación de autobuses de Durham, Carolina del Norte. Imagen tomada por Jack Delano en mayo de 1940.

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2 thoughts on “Las vidas de los negros también importan

  1. Hacía falta escribir este artículo, Daniel – y gracias a tus agudas observaciones, nos has ahorrado el trabajo a otros. Te comento.

    Dices:

    “Michael Brown es una víctima más de una larga lista de asesinatos impunes contra ciudadanos negros desarmados por parte de la policía. Este suceso pone de manifiesto la cruda realidad del racismo institucionalizado en los EEUU. El mensaje que el Estado, la policía y el sistema de justicia penal envían de manera implícita, es que las vidas de las personas negras son baratas y prescindibles.”

    Lo de Michael Brown ha puesto de manifiesto, como bien dices, la institucionalización de la violencia y el racismo contra inocentes en EEUU. En efecto, podemos decir que andar por la calle siendo negro en no pocos estados useños puede conllevar que las fuerzas policiales te peguen un tiro.

    Dices:

    “En cambio, los principales medios e incluso el presidente, Barack Obama, prefieren desviar el asunto y centrarse casi exclusivamente en la violencia potencial protagonizada por los activistas y manifestantes negros contra la brutalidad de la policía, en particular en Ferguson, Missouri.”

    Sí, así es. Porque ellos saben que las revueltas pueden generar más solidaridad y eso es algo que no quiere el sistema. Lejos de ser una “turba violenta” irracional, esta gente está precisamente generando una concienciación política casi para generar una insurrección del todo necesaria (también en España, pero no por motivos raciales en nuestro caso sino por los motivos que ya conocemos). Llama la atención (nos debería llamar la atención para tomar nota de nombres) que muchos individuos que condenan a los jóvenes en las revueltas están mas preocupados por “su propiedad privada” y bienes antes que en el asesinato impune de negros inocentes.

    Dices:

    “La violencia policial es sólo un aspecto más de todo un sistema de justicia penal racista que se alimenta de la sangre de cadáveres negros. Así mismo, la comunidad afroamericana constituye el 38% de los arrestos que forman parte de la guerra contra las drogas, como también el 59% de los condenados por tráfico ilícito de drogas. Por mencionar sólo una estadística que ilustra estas disparidades, los afroamericanos constituyen el 13 por ciento de los consumidores de drogas en EEUU- más o menos el equivalente a su proporción en la población en su conjunto -”

    Muchos no se habían dado cuenta de esto pero haces bien en denunciarlo. Por cada muerte negra, hay paga extra para la policía. Reciben su recompensa. No, tranquilos libegales – no me refiero a que les paguen literalmente “por motivo x” sino que tienen cuotas de arrestos y matanzas. Como dicen algunos – robas chucherias en una tienda de EEUU y te pegan un tiro. Estafas a todo el país con hipotecas subprime y te rescatan los ciudadanos. Es más, hasta te hacen consejero de Wall Street. Si eso no justifica una gran revolución social, eres parte del problema y deberías ser arrastrado también por los acontecimientos por egoísta, insolidario y fascista.

    Con respecto a la ley federal, creo que ya existe aunque sí faltaría endurecerla quizá y también aprobar una ley de igualdad de trato exigible incluso en el sector “privado”.

    Los medios de comunicación – actualmente en manos privadas que todos conocemos, determina qué actos son “respetables” y cuales son ilegítimos o “extremistas”. En vez de apuntarnos a ese binomio interesado, como liberales y demócratas hablemos sobre cómo dar respuesta a las necesidades de esas poblaciones – tanto políticas como económicas (tal y como bien dices) en vez de criticar su respuesta a la violencia racista.

    Saludos

    Le gusta a 1 persona

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