A favor de la prisión permanente revisable

prison-bars

No hacía más de tres semanas que Emilio Indart dejó su domicilio natal en San Sebastian. Había cumplido un año de condena en la cárcel por cometer varios delitos de robo a mano armada. Una vez retornó a su barrio, se había convertido en el blanco de hostilidad de la mayoría de sus vecinos, que le consideraban un peligro público y hacían de su vida un infierno. Se había comprometido sentimentalmente con Yolanda, una joven residente en la capital. Con un par de mudas de ropa y algo de dinero, se trasladó al centro de la provincia. Allí podría iniciar una nueva vida con ella, lejos del odio de sus vecinos, y cerca del amor de esa nueva persona que había endulzado su amargada existencia.

Cada tarde salía de su casa para encontrarse con su novia, que vivía en un bloque de viviendas ubicado en el barrio de Alza. Un día, Emilio se acercó como cada tarde al domicilio de Yolanda, para una vez allí, realizar con ella lo de siempre; cenar una pizza, ver la tele, y después, follar un poco. Se adentró como era habitual en el portal del edificio, cuyo recibidor, de aspecto roñoso y viejo, estaba levemente iluminado por una bombilla de 15 wats. Tras aproximarse al ascensor con intención de subir a los pisos superiores, se encontró con un cartel que anunciaba que estaba averiado. Era un fastidio, pero no tenía más remedio que subir a pie hasta el cuarto piso. Una vez había subido los primeros peldaños, se encontró de repente a una hermosa niña delante de sus ojos. La pequeña, de no más de cuatro años, estaba correteando por el rellano de la escalera, mientras le miraba con una expresión que transmitía inocencia y dulzura. Pero él la miraba con expresión de lascivia e indigencia.

Incapaz de reprimir el instinto depredador que brotaba de sus entrañas, Emilio secuestró a la pequeña y la introdujo a la fuerza en el interior del inmueble donde vivía su novia, que en aquél momento se hallaba deshabitado. Una vez allí, la depositó sobre un colchón y comenzó a realizarle tocamientos con ánimo lúbrico. Le introdujo los dedos en los órganos genitales y en el ano que le produjeron graves heridas en el orificio anal y vaginal. Posteriormente, amordazó a la niña con una servilleta y cogió un cuchillo de cocina, acabado en punta y de 12 centímetros de largo. Se colocó sobre ella y en un arrebato de furia la acuchilló en tres ocasiones con gran brutalidad.

Varias horas después, los padres de la niña, angustiados por la ausencia de ésta, iniciaron en la zona una intensa búsqueda junto a los demás vecinos. Emilio, a través de la ventana de la casa, pudo percatarse del tumulto que se estaba formando en torno al edificio. Sintiéndose acorralado cuando oyó cómo el padre y la madre de la pequeña procedían a abrir la puerta del piso, apagó la luz de la habitación donde estaba cometiendo los actos sexuales, y decidió librarse del cuerpo de la niña arrojándola desde el cuarto piso.

El lanzamiento al vacío de la niña fue presenciado por un testigo. La pequeña falleció tres horas después en el hospital al que fue trasladada.

El crimen que cometió Emilio Indart la tarde del 13 de enero de 1989 conmocionó a la sociedad española. Según los médicos que le examinaron, este criminal pederasta no padece enfermedad mental alguna. Aunque dijeron que se trata de una persona con un yo rígido y de carácter Impulsivo, lo que le provoca decisiones bruscas y agresividad ocasional. Su cociente mental es de tipo medio y se desenvuelve normalmente en la vida. No obstante, según los exámenes realizados, no afectaron a la plenitud de sus facultades intelectuales y volitivas para cometer los citados hechos. Indart finalmente fue condenado a 34 años de cárcel y a 15 millones de indemnización por la Audiencia Provincial de San Sebastián.

Recientemente, volvimos a tener noticias de Emilio Indart. Este pederasta asesino salió de prisión hace unos meses y volvió a entrar de nuevo entre rejas, acusado de intentar violar a su vecina, una mujer de 78 años, a cuyo domicilio había acudido con la excusa de pedir prestada una bombona de butano. No es el único caso de criminal que vuelve a reincidir. En el momento que escribo estas líneas, Los Mossos d’Esquadra ha detenido a dos hombres como los presuntos autores de la muerte de una mujer de 75 años en la población de Cabanes (Girona) en febrero de 2014. Uno de los detenidos es Antonio García Carbonell, uno de los muchos convictos excarcelados en octubre de 2013 en base a la anulación de la doctrina Parot después de pasar 18 años en prisión por varios delitos de agresión sexual. Tanto en el caso de Carbonell, como en el de Indart, estos criminales reincidentes siguieron varios programas de reinserción social en los centros penitenciarios, pero los técnicos advirtieron entonces de que no les consideraban rehabilitados.

El anterior ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, presentó en el año 2013 al Consejo de Ministros un borrador de anteproyecto de ley de reforma del Código Penal que incluía por primera vez en la historia de la democracia española la pena de prisión permanente revisable. Según explicó el ex ministro, este castigo podrá imponerse a los terroristas con asesinatos a sus espaldas, magnicidas, genocidas y grandes asesinos. En este último tipo, según el texto de Justicia, podrían entrar los asesinos de menores de 16 años o de “personas especialmente vulnerables”, los homicidas que maten después de cometer delitos sexuales o los asesinatos múltiples, incluidos los cometidos entre bandas. Este tipo de ‘cadenas perpetuas’, como ocurre en varios países europeos, serían revisables entre los 25 y los 35 años de cumplimiento efectivo de la condena.

La prisión permanente revisable se ha convertido en la protagonista indiscutible de la nueva reforma penal en ciernes. Con permiso de otras nuevas figuras penales que convergen en los Anteproyectos de reforma del Código penal (ACP 2012) -como la custodia de seguridad-, la reintroducción de la “cadena perpetua” ha suscitado mayor rechazo que acogida, tanto desde la doctrina como entre los operadores jurídicos especializados. Una de las voces que se manifiestan en en contra de esta propuesta, es la del catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Jaén Gerardo Ruiz-Rico, que considera el término —“prisión permanente revisable”— como un eufemismo de la cadena perpetua. .“Cualquier pena que no tenga como objetivo la reinserción chocaría con ese artículo”, explica. Después añade: “No se puede aceptar que la constitucionalidad de la cadena perpetua dependa de su aplicación por parte de la Administración penitenciaria o los tribunales”.

Personalmente, pongo en duda las palabras de Ruiz-Rico. Porque una de las funciones utilitarias de las penas de cárcel es, no solo disuadir a las personas que ya han delinquido de volver a incumplir la ley, sino también aislar a los delincuentes y controlar sus actividades. Esta última función es tanto más valiosa para la sociedad cuanto más peligrosos y más difíciles de reeducar y reinsertar son ciertos tipos de delincuentes. La protección que los ciudadanos reciben del Estado mediante la separación de la sociedad de los delincuentes más peligrosos y el control de sus actividades es, realmente, el único beneficio tangible que la inmensa mayoría de los ciudadanos recibe por parte del sistema penitenciario. El delincuente objetivamente peligroso que está en la cárcel, simplemente, no puede cometer nuevos delitos, y eso, independientemente de cualquier intención retributiva o vengativa, es lo que interesa a la gran mayoría de ciudadanos.

Estar a favor de que se establezca en España la pena de reclusión perpetua (o por tiempo indeterminado) sometida a revisión para ciertos delitos muy graves y ciertos tipos de delincuentes no implica, en modo alguno, a estar en contra del principio constitucional favorable a la reeducación y la reinserción. Al contrario, esta medida supone alcanzar un equilibrio razonable de las diversas funciones de las penas de cárcel –la disuasión y prevención, el aislamiento de la sociedad y el control de la actuación de los delincuentes–. Seguramente, la mayoría de ciudadanos estará de acuerdo en que si mediante el cumplimiento de las penas de cárcel y el tratamiento penal –que incluye la suspensión de cumplimiento en las penas cortas de prisión, los permisos, la libertad condicional y otras medidas– el sistema penitenciario logra convertir a los delincuentes en ciudadanos respetuosos de la ley y, así, su reinserción en la sociedad, mucho mejor.

La reeducación y la reinserción de los delincuentes son, sin duda, objetivos irrenunciables de cualquier sistema penitenciario civilizado. Pero eso no puede hacer olvidar que la función verdaderamente crucial que desempeña el sistema penitenciario, el servicio más inmediato y fundamental que prestan las cárceles a la sociedad en relación con los delitos más graves y los delincuentes más difíciles de reeducar es, en primer lugar, aislar y controlar a esos delincuentes, y más severamente y por más tiempo a los más peligrosos, con el objeto de impedir que delincuentes que todavía no están rehabilitados sigan haciendo daño al resto de ciudadanos. Sólo así evitaremos que terribles criminales no rehabilitados como Emilio Indart o Garcia Carbonell caminen libremente por las calles y amenacen nuestras vidas y la del conjunto de la sociedad.

Anuncios

Un comentario en “A favor de la prisión permanente revisable

  1. Creo que hay que seguir la estela que dejó Victoria Kent en la II República, a los presos se les tiene que dar un servicio de rehabilitación en los centros penitenciarios cosa que realmente no se da pues hay demasiados reclusos en proporción a trabajadores sociales y psicólogos y por tanto es una ardua tarea centrarse en cada caso. Una vez que se haya cumplido una condena, que es lo que se debe respetar y endurecer, se le debe hacer un seguimiento fuera e intentar rehabilitar en la sociedad pues es ahí donde van a vivir realmente y no entre los muros de la cárcel, ese es el problema y no otro, por tanto hay que ser coherentes y negarse a la chapuza de la ‘cadena perpetua’.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s