Contrato a cero horas: flexibilidad laboral que roza la esclavitud

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Inglaterra, paradigma mundial de la flexibilidad laboral y defensa de los derechos de los trabajadores, irónicamente hablando, lleva años dando un paso rumbo al trabajo esclavo. Recientemente salió a la luz la noticia de que la filial británica de McDonald’s admitía que el 90% de su personal (unas 82.000 personas) estaba contratado bajo la modalidad de «cero horas» Zero-hour contract, una figura laboral inexistente en España que no garantiza el salario, —pues no asegura al empleado una carga de trabajo mínima— pero sin embargo exige al trabajador estar disponible las 24 horas del día y, por tanto, no le permite tener otro puesto de trabajo. Además, el sueldo de estos trabajadores también es menor al de la media: 236 libras (270 euros), lejos de los 557 de la media británica.

La noticia, que fue publicada por el rotativo británico The Guardian sólo ha contribuido a avivar una tensión creciente debido a que la crisis económica ha traído como consecuencia un aumento desproporcionado de este tipo de contratos. Según un informe publicado esta misma semana por el Chartered Institute of Personnel and Development (Instituto de Personal y Desarrollo, CIPD por sus siglas en inglés), más de un millón de británicos tienen contratos de cero horas, muchos más de los 250.000 reconocidos por la Oficina Nacional de Estadística (ONS) británica. De ellos, un 14% denuncia que su empleador a menudo no le da la suficiente carga de trabajo, lo cual les impide obtener los ingresos necesarios para subsistir.

El contrato ‘cero horas’ no garantiza trabajo ni ingresos ni derechos laborales. El empresario decide el número de horas a la semana, los horarios y las jornadas específicas que ofrecerá al contratado. El trabajador no sabe cuantas horas trabajará, y por tanto cobrará, hasta el principio de cada semana. De esta forma, los trabajadores solo trabajan aquellos días en que la empresa los requiere. No hay un tiempo mínimo para avisar e incluso algunos contratos laborales obligan a los trabajadores a aceptar cualquier turno u horario. Además, cobrando un sueldo que depende de las horas trabajadas, no se garantizan un sueldo a final de mes. Según la legislación británica, mientras el trabajador espera la llamada del empresario, no tiene derecho a baja médica ni a vacaciones pagadas.

Bajo esta modalidad de contratación, la capacidad coactiva del empresario sobre la plantilla es mucho mayor, pues sencillamente puede castigar con menos horas (y por tanto menos sueldo) a aquellos trabajadores que puedan causarle cualquier tipo de molestia, limitando gravemente a los trabajadores cualquier tipo de defensa de sus derechos laborales, otorgando así vía libre al empresario para imponer unas condiciones aun peores si cabe. En resumen, se trata de un arma poderosa del empresario para mantener al trabajador sumiso, ya que pueden asignarle cero horas mensuales sin ninguna explicación. En consecuencia el trabajador se encuentra virtualmente sin empleo.

Los problemas que conllevan este tipo contrato son evidentes: elevadas inestabilida económica y personal, los sueldos percibidos, mucho más bajos del salario mínimo. Según señalaba un estudio llevado a cabo por la Resolution Foundation, los empleados con este tipo de contrato cobran de media a la semana 236 libras (unos 273 euros), frente a los 557 que perciben los trabajadores contratados en términos habituales. Una sensible diferencia que se basa en reducir la redundancia, es decir, las horas pagadas en las que el trabajador no tiene nada que hacer y, por lo tanto, no son productivas.

Es más, esta figura laboral permite a los empresarios disponer plenamente de un notable contingente humano, el cual, no tiene garantizado trabajo pagado y que puede ser despedido al arbitrio de la empresa sin haber percibido remuneración alguna.

Aunque donde más abundan este tipo de contratos es en el sector de las empresas de comida rápida, esta práctica se extiende a otros sectores como la hostelería y el catering. Grandes empresas e instituciones inglesas como JD Wetherspoon, Spirit Group, Boots, Cineworld, Subway o Tata Catering recurren a este tipo de contratos. Incluso el palacio de Buckingham ha contratado por horas cero a 450 trabajadores.

En España el contrato de cero horas no es legal, no obstante ya existen prácticas laborales con procederes similares. Por ejemplo, algunas empresas utilizan el personal fijo-discontinuo sin respetar en absoluto el preaviso preceptivo, de modo que los convierten de facto en un “contrato a llamada”, por el cual los trabajadores también deben estar siempre disponibles para cuando el empresario los necesite.

Además, la última reforma laboral permite a los empresarios adaptar unilateralmente la jornada de su plantilla a sus necesidades de producción: hasta un 10% de la jornada, siempre y cuando no se haya pactado otra cosa en convenio colectivo.

Desde la Unión Europea y la CEOE, los poderes financieros y empresariales reclaman una mayor flexibilidad en el trabajo. Dicho en plata: mayor capacidad del empresario para cambiar unilateralmente las condiciones de trabajo. La UE, como organismo intrínsecamente explotador de la clase trabajadora de sus países miembros, tiene un largo historial en cuanto a reformas laborales anti-obreras. Desde el Tratado de Maastricht (1992), donde se especificaba la creación del Banco Central Europeo (BCE) y la instauración del euro. Pasando por La Estrategia de Lisboa, firmada en el 2000, que promueve la restricción de derechos laborales de los trabajadores y pensionistas para llegar a “la reducción del coste de trabajo”. También la Directiva Bolkenstein (2004), por la cual se encubre prácticas de deslocalización dentro de la Eurozona, aprovechando el desarrollo desigual de sus países miembros, de forma que a las empresas se les aplica la legislación del país de origen y no del país donde desarrollen su actividad. Por no mencionar la Directiva de las 65 horas (2008), que permite el aumento de la jornada laboral de 48 a 65 horas semanales, suponiendo un aumento brutal de las ganancias para los empresarios.

La precariedad laboral impuesta durante los últimos años por los sucesivos gobiernos del PP y el PSOE con su progresivo empeoramiento constante de las condiciones de trabajo de la población nos debe alertar por tanto sobre la posible implantación en un futuro de este tipo de contrato en nuestro país.

Para la casta empresarial y financiera, la sociedad como tal es un mercado y la población trabajadora es para ellos poco más que ganado. Las políticas neo-liberales implantadas tanto del PP, como de sus homólogos el PSOE, CIU, PNV, UPyD y algún otro más, jamas velaran por nuestro bienestar, el capital dominante siempre favorece a un pequeño y perverso grupo social. De esta manera consiguen la supremacía política y además el derecho de pernada de explotar a la sociedad civil con total impunidad. La casta empresarial y su negocio, como los auténticos amos de la plantación de algodón, y nosotros, la gente, como sus esclavos negros explotables y sustituibles. Todo muy legal, pero absolutamente ilegítimo tanto el medio como el objetivo.

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