Cuando el amor es el opio del pueblo

The Singer

La realidad no sé, pero la irracionalidad sí que supera con creces a la ficción. Asumiendo el hecho de que el humano es el único animal que tropieza cien veces incluso aunque no haya piedra, encendí el televisor intentando hallar en él algo que me hiciera dejar de observar mi interior y de paso, dejar también de observar mi huesudo rostro reflejado en la pantalla del receptor. Esto último me fue relativamente fácil una vez me hice con el mando a distancia que vive enterrado en el sofá. El universo catódico seguía sin novedad en el frente: actores amateurs, desfilando en plató fingiendo realidades que quienes en realidad las padecen fingen desconocer. Periodistas licenciados en hacer felaciones y poner culos degüellan a lápiz a quien ose acudir a sus bacanales televisivas. Programas del corazón cuyas fórmulas siempre son las mismas: “soy lesbiana (o gay)”, “me he divorciado”, “estoy embarazada”, “me he liado con fulanito o menganita (dicho por algún famoso de medio pelo con el que se pacta un joint-venture)” y así sucesivamente. Seguido de emisiones nocturnas del Tarot 906. Para rematar, accioné el botón del mando a distancia para efectuar un nuevo barrido y dar con el siguiente canal; la MTV, donde justo en ese momento emitían un videoclip musical cuyo tema era un famoso hit que copaba las listas de éxito en los 40 Principales: “La maté porque era mía“, del grupo Platero y Tú.

Tras completar el barrido de canales, mi diagnóstico fue tajante: la neurosis ha franqueado la frontera de la pequeña pantalla y se ha adentrado también en la industria de la música.

Las letras de las canciones son un buen reflejo de las inquietudes de la sociedad actual. Innumerables canciones que ocupan las listas de éxitos tienen una temática central: el amor. Tanto en su vertiente más carnal (el sexo) como más sentimental (la pasión). Ante una sociedad agresiva, competitiva, neurotizante y estresante como la actual, que parece ofrecer escasas esperanzas de futuro, muchos jóvenes -especialmente los más frágiles- buscan en el amor aquella persona que estará con ellos incondicionalmente a pesar de que la vida funcione jodidamente mal. No obstante, este tipo de relaciones son profundamente insanas por su carácter asimétrico, pues la dependencia emocional con respecto a la pareja genera toda una serie de hábitos enfermizos. Además aleja a hombres y mujeres de la lucha por la mejora de las condiciones de vida, lo cual será lo único que precisamente les proporcione unas perspectivas de futuro.

Las canciones de reggaeton son un ejemplo de ello, pero tenemos toda otra serie de géneros musicales que transmiten igualmente esta obsesión por un sentimiento neurótico como el amor pasional y que suenan por todas partes. Incluso las letras de muchos grupos “reivindicativos” también se centran en este tema, mucho más que en las problemáticas laborales, estudiantiles o populares.

Aunque existan diferencias entre sexo y afecto, las letras comparten una característica común: ambos se expresan de una forma obsesiva, como si el joven o la joven no pudieran vivir sin tener pareja. De esta manera, lanzan a la juventud a la búsqueda de relaciones de manera desesperada, muchas veces por inercia. Los propios títulos de las canciones nos lo demuestran. Desde las tradicionales “Sin ti no soy nada” de Amaral y “Somebody to love” (“Alguien a quien amar”) de Queen hasta los éxitos actuales “Addicted to you” (“Adicto a ti”) de Avicci, “Estás to buena” de Rasel y Henry Méndez o “Moviendo el culito” de Claudio Yarto.

Podemos incluir en esta categoría a todas aquellas letras musicales que tratan de cuánto necesita el cantante a tal o cual mujer, de cómo él no es nada sin ella o su corazón se rompe cuando él o ella se va de su lado, de cómo haría ella mejor en privarlo del aire que respira que de su compañía o cómo puede clavarle una daga en el pecho antes que darle la espalda, de la clase de esclavo feliz en que lo ha convertido o de cómo este hará todo lo que ella pida con tal de no verla nunca marchar.

El principal objetivo de estas canciones no suele ser otro que el de servir de cleenex emocional a las mujeres. Letras ñoñas y típicas sobre amor -aunque un amor idealizado y poco o nada realista- que les permiten descargar emociones (y liberar así sustancias químicas cerebrales altamente adictivas), con las cuales se puedan sentir identificadas y sean susceptibles así de enriquecer a distribuidores y artistas.

Por el contrario, muy pocas canciones hablan de los problemas laborales, estudiantiles o populares. Ni siquiera aquellos grupos que se venden como más “reivindicativos” o de “izquierdas” centran sus letras en estas temáticas, sino que están supeditados a los designios de la gran industria musical y, aunque desde una posición aparentemente más progresista. El grupo musical estadounidense de rap metal Rage Against the Machine, son un ejemplo de ello: un grupo cuyas canciones muestran un claro posicionamiento en contra del capitalismo, la globalización y las multinacionales… pero que le debe su fama gracias a sus contratos con la discográfica Epic Records, subsidiaria de la multinacional Sony Records.

Asumiendo el importante papel que desempeña la música en la formación de la conciencia de las nuevas generaciones, la mayoría tienden a colocar como principal preocupación en su vida las relaciones afectivas. De esta manera, dejan de lado otro tipo de relaciones de ímplicación más colectiva, que se establecen en medida que el joven se socializa con compañeros de estudio, de trabajo.

Estas relaciones obsesivas perjudican especialmente a la mujer, pues en ellas aparece como la parte más débil que frecuentemente tiene que sacrificarse por el hombre. En el peor de los casos, simplemente es un objeto sexual que tiene que contonearse al gusto del rondador, como escuchamos tantas veces en las canciones de reggaeton (véase “Moviendo el culito“). Aunque en verdad son tanto el hombre como la mujer quienes salen perjudicados, en medida que se les suprimen otro tipo de relaciones sociales más amplias.

Los jóvenes de hoy tienden a mantener relaciones afectivas y laborales cada vez más dependientes. Por tanto no deberíamos rasgarnos las vestiduras y clamar al cielo. Tal actitud solo pueden hacerla aquellos que no hacen un análisis científico de la realidad, pues la actual estructura económica nos explica cómo en una fase de pauperización de las clases trabajadora y el conjunto de los sectores populares, la mentalidad de sus integrantes se ve perjudicada en medida que se produce en ellos un embrutecimiento de sus actitudes y hábitos cada vez más enfermizos ante unas condiciones de vida más penosas. La ansiedad que les produce enfrentarse a la vida cotidiana le hace nacer la necesidad, el impulso irrefrenable que lleva hasta las conductas adictivas y/o dependientes, cosa que, claro está, potencia el número de adictos a drogas, juego, trabajo, Internet,… o a cualquier otro tipo de ingesta o comportamiento capaz de actuar como un “reductor de ansiedad”.

En una sociedad excesivamente tensionada como la nuestra, los jóvenes tienden a buscar relaciones cada vez más dependientes, pues contemplan las relaciones afectivas como una vía de escape ante un mundo despiadado en el que no puedes fiarte ni de tu madre. Para enfrentarse al desempleo, la explotación laboral y la falta de futuro, la familia y los amigos no son suficientes, pues no están dedicados plenamente a ellos, como sí lo hace una pareja, en la cual se busca aquel amor incondicional e idealizado que no nos va a faltar en ningún momento, “ni en la salud ni en la enfermedad“. Y es en base a esta necesidad de amor incondicional por lo que se generan los celos, pues se tiene miedo a perder la pareja y quedarse solo. El precio a pagar por una relación dependiente, en muchos casos, puede ser carísimo: puede sufrir severas limitaciones en su independencia y autonomía personal, le mermará su libertad de elección…, pero incluso así, mucha gente está dispuesta a pagar ese precio porqué, estar solos, resulta para ellos mucho peor y angustiante.

El “amor pasional” es una forma patológica de la solidaridad que conduce al fracaso y, paradójicamente, al odio y a la muerte. De ahí la expresión “la maté porque era mía”. Hoy, la mitad de los matrimonios se rompen, ya que están fundamentados sobre un sentimiento de adolescentes enamorados, efímero, de duración limitada. Siempre, antes o después, el amor-pasión se traslada a otro cuerpo o, bien, se relaja hasta desaparecer. Y lo que es peor: en tiempos de inmadurez afectiva como los nuestros y de superabundancia de oferta erótica, las parejas se forman en base a criterios emotivos y sentimentales, que permanecen apenas el tiempo que tardan en proyectarse sobre otros parteners. En este sentido, la formación de parejas con fecha de caducidad inferior a los cinco años es cada vez más frecuente. En la medida en que todo vínculo de unión funciona en base al amor, la relación se convierte en algo progresivamente inestable y sometido a crisis cíclicas. Por el contrario, los matrimonios durables son aquellos que están calculados.

Ahora bien, ¿Estamos diciendo que el odio debe que ser el motor de la sociedad y la acción humana? No, en absoluto. La pretensión de este escrito no es criminalizar a las parejas que tengan este tipo de relaciones, ni tampoco animar al lector a dejar de escuchar toda música que hable de amor, aunque sí queremos que se entienda la importancia de pararse a reflexionar acerca de ello, incluso de lo cotidiano, como puede ser la música, pues absolutamente todas las ideas tienen un carácter de clase. Pero un cambio profundo en la forma de entender las relaciones afectivas solo puede darse cambiando de raíz las relaciones sociales y para eso es imprescindible primero un cambio en las relaciones de producción.

Y, seamos realistas, cuando a la juventud se les impide trabajar aún a pesar de haber necesidades sociales, cuando se pagan salarios de miseria mientras los grandes capitalistas financieros acumulan millones y privatizan beneficios mientras socializan pérdidas, parece mentira que la máxima inquietud sea el amor o el sexo. En semejante situación más bien debemos preocuparnos antes de cambiar las cosas y eso solo puede hacerse mediante la organización en nuestro centro de estudio, centro de trabajo o barrio.

Porque, independientemente de que tengamos pareja o no, tendremos que sobrevivir en este mundo. El novio o la novia pueden dejar de estar a nuestro lado en un tiempo, pero lo que es seguro es que mientras nuestra sociedad continúe supeditada a los intereses de una minoría en detrimento de la mayoría, nuestras condiciones de vida serán cada vez más pésimas e inciertas. En otras palabras: sin seguridad económica no hay amor… y mucho menos, sexo y rokanrol.

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