La ofensiva de la extrema derecha para las elecciones generales

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Al caer la tarde descendí en la estación del metro de la Rambla Catalunya, en pleno centro de Barcelona y subí a la superficie junto a una manada de gente cansada y malhumorada que regresaba a sus casas. Doblé la esquina para encontrarme frente al Jamaica Coffee Shop.

Tras abrirme paso en medio de un boulevard poblado por restaurantes, bares y tiendas, finalmente pude vislumbrar a un señor de unos cincuenta y tantos años, sentado frente a una de las mesas ubicadas en la terraza de la cafetería. Me bastó acercarme unos metros para confirmar que esa era la persona con la que me había citado.

Entré en esa cafetería para encontrarme con Xavier Vinader, veterano periodista, antiguo colaborador de la revista Interviù y autor de diversos trabajos de investigación sobre la evolución de la extrema derecha en España. Por ese motivo había intentado ponerme en contacto con él para que me iluminara sobre el ascenso de los movimientos ultraderechistas que estaban teniendo lugar en los últimos años en Europa. Finalmente, tras mucho insistir, pude concertar cita con él en una cafetería de la capital.

Xavier Vinader llevaba puesta una camisa a cuadros bajo unos tirantes. La imagen casi histórica e informada del periodismo. Poco después de mi primera pregunta, el periodista encendió su primer habano, de marca Gran Coronas, en un ritual automático pero no exento de estética. Era un habano de larga duración, como algunos parados. Sin darme cuenta, presté mayor atención a los dedos del veterano periodista apretando el tabaco bajo el cráter del artilugio, que a la respuesta que me estaba dando en ese mismo momento. No era para menos, puesto que aquel habano en concreto simbolizaba una supuesta forma de hacer periodismo.

Me saludó educadamente una vez me senté frente a él. Me miró a la cara durante unas décimas de segundo. Fijé mis ojos en él, pero él no pudo sostener mi mirada durante unos segundos. Según transcurrían los minutos y avanzaba la entrevista, el vapor cancerígeno del tabaco que exhalaba aquél habano, y que cargó de nuevo otras dos veces, comenzó a extenderse por el ambiente y a meterse por mi garganta. La agarraba como quien agarra un cigarrillo, entre el índice y el anular, sin dejar espacio a la ambigüedad, entre calada y calada, en ninguna de sus respuestas. Su tono estaba exento de tensión, aunque el tema tratado le incumbieran personal y profesionalmente. Al contrario, su actitud era de un tono afable.

Tras un espacio de tiempo disertando, Vinader por fin respondió a mis cuestiones que le formulaba pero que intentaba rehuir. Le manifesté mi inquietud por el repunte que estaban experimentando la ultraderecha, no solo en España sino en Europa. Desde el ascenso del Front National en Francia o el UKIP en Gran Bretaña, hasta diversas actividades de carácter polémico, como la recogida de alimentos para españoles. El diagnóstico de Vinader fue tajante: en nuestro país existen toda una serie de organizaciones ultraderechistas que están utilizando una máscara constitucionalista para hacerse un hueco en las próximas elecciones generales del 2015. Todo un conglomerado de organizaciones cívicas que tienen el apoyo del PP, tales como la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT), Foro por la Familia, así como grupos antiaborto. Todo ello como catalizador de emociones de la extrema derecha sociológica de nuestro país.

En esas movilizaciones y en las puestas en marcha conjuntamente se infiltran grupos de extrema derecha y plataformas ciudadanas manejadas por ex militantes ultras. De hecho, los servicios de información de las Fuerzas de Seguridad del Estado dedicados al control de las tramas ultras e involucionistas llevan varios meses investigando para determinar las vinculaciones entre militantes de la derecha radical y este movimiento cívico, y su capacidad operativa-, respondió el veterano periodista.

A medida que le preguntaba más insistentemente, el hombre desviaba los ojos, como si todo aquello no fuera con él. Un comportamiento comprensible en alguien que ha pisado la cárcel. Pero soy hábil interrogando y pronto le puse en un callejón sin salida. Finalmente insistí: – señor Vinader, discúlpeme. No pretendo ser desconsiderado, pero verá, tengo mucho interés en hablar con usted y es justamente por su bien, porque creo que tengo una información importante para usted y que la debería conocer antes de que la publiquemos. Créame, no es mi estilo ser tan insistente pero estoy seguro de que me agradecerá haber puesto en su conocimiento estos datos con los que estoy trabajando-. Con mejor o peor puesta en escena lo que hacía se trataba de un viejo truco que consistía en conseguir que el interlocutor se sintiera en deuda con uno o, como mínimo, intrigado. Lógicamente, yo no tenía la más mínima intención de poner en conocimiento de nadie ninguna información. Era, simplemente, una estrategia para ablandar al interlocutor, embaucándole, descolocándole, haciéndole creer que tiene la necesidad de conocer una información cuya existencia ignoraba. Lo imporante era llevarme a mi terreno y que cantara lo que sabía.

Vinader finalmente respondió: una de las asociaciones cívicas más activas en todo este repunte ultraderechista ha sido la plataforma España y Libertad, cuya coordinadora general es Yolanda Couceiro Morín, una bilbaína que ha participado en conferencias junto a Francisco José Alcaraz (ex presidente de la AVT) así como dirigentes del PP. Couceiro ha conseguido hacerse fotos con ex ministros, parlamentarios, alcaldes y presidentes de comunidades autónomas gobernadas por el PP cuya imagen ha utilizado para luego promocionarse en Internet; incluso con el ex presidente José María Aznar. Yolanda Couceiro ha estado relacionada hasta no hace mucho con el Frente Democrático Español (FDE), formación que se presentó a las elecciones generales de 2004 y en la que ella fue candidata al Congreso de los Diputados en la circunscripción de Barcelona. Anticatalanista y de un españolismo exacerbado, el FDE contaba entre sus filas con numerosos ultraderechistas.

Algunas personas que han compartido mesa con Santiago Fontenla y Yolanda Couceiro en varias reuniones donde había miembros de la AVT o del Foro Ermua no se les olvidan las barbaridades que salían por sus bocas. “Fontenla es más reservado hasta que ha bebido un poco, es más de escuchar; pero cuando se lanza, no tiene problemas para soltar que hay que hacer algo, que el problema en el País Vasco se soluciona mandando los tanques, cosas de ese estilo que dejaban a la audiencia boquiabierta”, relataba Vinader.

Vinader explicó sobre Yolanda Couceiro -“esta chica es una iluminda que se ha creído el papel de faro de la dignidad, aunque el que controla todo es su marido, Santiago Fontenla, otro falangista reconocido”-. Santiago Fontenla Conles, nacido en Bilbao en 1964, conocido bajo el seudónimo Santiago Olabarría cuando era jefe de La Falange en el País Vasco. Su nombre empezó a tener predicamento en sectores de la derecha, no sólo la radical, a través de su publicación Minuto Digital, un portal de noticias y artículos de opinión en Internet que sirve como altavoz de todas estas corrientes de la derecha extrema y de ex activistas ultras reciclados en movimientos cívicos. En este medio colaboran o han colaborado articulistas tales como Manuel Canduela, presidente de Democracia Nacional, formación de extrema derecha muy centrada en luchar contra la inmigración; Manuel Leal Gil, responsable de acción política en La Falange a mediados de los 90 y ahora a la cabeza de una agrupación fantasma denominada Madrid Habitable, y César Román, presidente de Plataforma por Madrid, un partido extremista con germen en Catalunya, y que participó a finales de los 90 en una operación de Falange Española de las JONS para infiltrar militantes en Comisiones Obreras.

Esta gente sólo pretende el ‘entrismo’ en la derecha centrista, crecer dentro de esas estructura para influir”, explicaba Vinader. El problema más inquietante es que hasta el momento muy pocos en el Partido Popular han mostrado su oposición a esta infiltración.

Lo mismo ha ocurrido en la Asociación Víctimas del Terrorismo desde que la dirigió José Alcaraz. Además de su evidente buena sintonía con los Peones Negros. En muchas delegaciones de esa plataforma la voz cantante la llevan ex simpatizantes de Fuerza Nueva o personas estrechamente vinculadas al PP– y su defensa de las teorías conspirativas, José Alcaraz y su mujer, Mamen Álvarez, se han dejado querer en el último año por Fontenla (Minuto Digital), Couceiro (España y Libertad) y Ricardo Sáenz de Ynestrillas, hijo de un comandante asesinado por ETA y conocido activista ultra desde su adolescencia.

No me di cuenta que eran casi las 22:30 de la noche. Los empleados del local ya estaban colocando sillas sobre las mesas y barriendo el local. Que se disponían a cerrar me lo estaban indicando muy a las claras. De modo que me bebí rápidamente el segundo café, pagué y me marché tras despedirme del señor Vinader. Caminé por el boulevar de Rambla Catalunya calle abajo. Crucé la Avenida Diagonal hasta llegar a la parada de metro más cercana. Mientras mi mente elaboraba las conclusiones necesarias tras la entrevista:

Al contrario de lo que opinan algunos medios, la ultraderecha está muerta y enterrada. Jamás volverá a reconstruirse con la fisonomía que tuvo en la transición y mucho menos en sus períodos históricos.

En España existe una derecha extrema, una ultra derecha o extrema derecha –autodenominados social patriotas- y los neonazis en sus distintos pelajes. Esta ultraderecha española, como fuerza social e histórica, está mayoritariamente integrada en el PP y en su «Caverna Mediática». Una derecha extrema, ultra católica y nostálgica del franquismo, aportados por sus orígenes fundacionales provenientes de Alianza Popular.

Desde los inicios de la Transición, el Partido Popular consiguió fagocitar el voto de extrema derecha desde que Manuel Fraga desde la misma conformación de Alianza Popular se planteara como objetivo aglutinar a todos aquellos nostálgicos del franquismo y grupos de extrema derecha. Era mejor, se defendía, que esa extrema derecha no tuviera una representación propia en el Congreso, y que estuviera integrada en un partido democrático. Una dinámica que sigue vigente y ayuda a bloquear sistemáticamente cualquier crecimiento de la extrema-derecha franquista. En la marginalidad siguen también el resto de partidos ultras, entre todos suman tan sólo el 2,03% de los apoyos en las elecciones europeas y gracias al 1,56% de VOX, que ha sido el que más apoyo ha tenido a la derecha del PP.

Así tenemos que una gran parte de la ultraderecha opta por votar al PP antes que a las organizaciones que mejor los representa. Eso es una realidad. Los “ultras” suponen en torno al 9-12% del PP, a lo que habría que sumar un 6% de “nostálgicos”. Los extremistas de derecha, como además se conocen a sí mismos, no se votan ni entre ellos. Si toda la ultra no se agrupa aún junto al PP se debe a simples intereses personales, por querencias y parafernalias simbólicas, o porque desean un PP aún más duro, xenófobo y reaccionario. Todos saben que los que nutren sus grupúsculos ultras son descerebrados marginales que hacen gala de su irracionalidad, y en la práctica ningún facha «serio» vota listas de ultraderecha, pues percibe que la razón de existir de tales grupos es servir de «válvulas de escape». La marginalidad en la que están sumidas la mayoría de organizaciones de ultraderecha se comprueba al contemplar la pésima calidad de la mayoría de direcciones políticas de ese ambiente, en la incultura política de la inmensa mayoría de su militancia. Por no decir que auténticos tarados que difícilmente superarían un examen psiquiátrico están dirigiendo algunos de estas organizaciones. Para más inri, en estas formaciones se da una distancia acusada entre las cúpulas adultas (entre 48 y 60 años) y la joven militancia (entre los 15 y algo más de la veintena). Hay un abismo generacional. También encontramos una “guardia pretoriana” de algo más de 30 años, la más peligrosa y curtida en gimnasios.

No obstante, hay muchas razones para combatir a esta ultraderecha, pero si hay que combatirla es porque las energías ultras sintonizan con los intereses ocultos (y no tan ocultos) de los poderes financieros y porque en última instancia suelen actuar como perros de presa del sistema. La ultraderecha causa poco daño cuando desempeña causas en solitario. Pero cuando se incorpora como auxiliar del poder establecido y expresa una versión «más dura» (o «políticamente incorrecta», como dicen) del propio discurso dominante, el daño que provoca es considerable.

Y hay, además, otro motivo más para combatirla: cierta ultraderecha se vende como «inconformista» o «patriota» cuando en realidad es tan ultraconformista y antipatriota como el resto. Y no sólo hemos de combatirla por su farsa de presentarse como adversarios del poder establecido (igual que hace la extrema izquierda), sino porque además lo hacen pervirtiendo valores y referencias valiosas, como la defensa del patriotismo, abocándolos al limbo, la impotencia y el basurero, convirtiéndolos en residuos del sistema con etiquetas de «inconformistas» o «patriotas».

Casi 40 años después de la muerte de Franco, a diferencia del resto de Europa, España sigue siendo diferente: aquí la extrema derecha está dentro del principal partido conservador que gobierna. Lo cual hace a la ultra más peligrosa todavía.

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