¿Debe penalizarse el incesto?

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Una ola de tensión invadía a la audiencia que se congregaba en la corte del tribunal. Mientras, el Presidente pedía repetidamente orden en la sala intentando calmar el revuelo general. Sentado en el banquillo, el acusado, Patrick Stübing, escucha cabizbajo lo que le va a deparar el futuro: condena de cuatro años de cárcel por un delito de incesto con su hermana, Susan Karolewski. Al final del juicio, el juez le dio la palabra, por si había alguna cosa que quisiera alegar. Patrick, en un último intento, se limita a pronunciar una frase: “yo la amo“. Tras salir de los juzgados, una nube de periodistas, cámaras y fotógrafos se abalanzan sobre él. Patrick se siente como una estrella de Hollywood en medio de aquél tumulto de flashes y atención mediática. Levanta la mirada e inicia un discurso que pretende justificar el delito por el cual acaba de ser condenado y por el cual reclama su absolución.

A la edad de tres años, Patrick fue alejado de su familia para protegerle de su padre alcohólico y creció en el seno de una pareja adoptiva. No volvió a reencontrarse con su madre hasta veinte años después, cuando esta se había separado de su marido. Momento a partir del cual conoció a su hermana, cuando él tenía 23, y ella, 16. Poco tiempo después se enamoraron. De su torrida relación, nunca escondida, nacieron cuatro hijos a lo largo de cinco años. Dos de los cuales tienen retrasos mentales; el otro, una pequeña malformación cardíaca. Sin embargo, una serie de denuncias por incesto obligaron a Patrick a cumplir tres años y un mes de prisión por ese delito. Mientras que ella fue absuelta y enviada a un programa de reinserción social.

La pareja presentó una demanda ante el Tribunal Constitucional, solicitando que se declarara inconstitucional el artículo 173 del Código Penal alemán que prohibe específicamente el coito vaginal entre hermanos, padres e hijos o entre familiares de linea directa y lo castiga con penas de hasta tres años de cárcel.. Tras una batalla legal que ha durado algo más de un año, el alto tribunal sentenció que el incesto sigue siendo un crimen penalizado por la legislación alemana y que su prohibición es un eficaz instrumento para la «protección del orden familiar». La resolución también señala que la prohibición del incesto es un instrumento destinado a proteger la «salud de la población» y estipula que el derecho al libre albedrío en materia sexual debe restringirse. Posteriormente, el Tribunal Europeo falló en favor de la justicia alemana y considera que no se violaron sus derechos a la vida familiar y privada al condenarlo, al remarcar que en dicha nación –con la mayoría de los países miembros del Consejo de Europa– se prohíbe las relaciones sexuales consentidas entre hermanos adultos.

Pero el fallo no ha logrado acallar el creciente debate en la sociedad alemana, muchos de los cuales ahora se replantean la figura del incesto y alimentan la presión para eliminar lo que se considera “el último tabú”. Por su parte, la pareja de hermanos no son capaces de comprender el revuelo que está provocando su relación, así como la excesiva intromisión del Estado, ya que a su juicio “sólo son dos personas que se quieren y que no hacen daño a nadie”. La cuestión es- ¿debe perseguirse, juzgarse y castigarse este tipo de relaciones?.

Es indudable que deben castigarse las relaciones no consentidas. En eso no hay, ni puede haber, duda alguna: los padres no deben abusar sexualmente de sus hijos menores, ni los hermanos deben violar a sus hermanas. Pero, ¿qué pasa cuando éstos crecen, y ya adultos, deciden tener sexo con alguno de sus padres de manera voluntaria?.

Más allá del asunto moral está el tema judicial. ¿Debe el Estado meterse en lo que sucede en la alcoba de dos adultos, juzgarlos y hasta condenarlos? ¿Bajo qué argumentos se justifica que hermanos y hermanas -o padre e hija/o-, ambos adultos, ingresen en prisión vaya por haber tenido relaciones sexuales consensuadas?.

La penalización del incesto es la última reliquia histórica en el ámbito penal. Cuando las sociedades actuales -al menos las occidentales- aceptan, de manera más o menos legal casi cualquier relación entre adultos, incluyendo las homosexuales, todavía las luces rojas se encienden si se trata de dos hermanos. La gran mayoría de las legislaciones del mundo consideran todavía, por diversas razones o tabú, el incesto como delito, aunque sea practicado con consentimiento mutuo entre mayores de edad. Las sanciones prescritas en este caso oscilan desde el castigo severo hasta el repudio social sin mayores consecuencias para el individuo.

Por el contrario, el incesto consensual es legal en Francia, España, Países Bajos, Turquía, Rusia, China, Israel y algunos Estados de EEUU. España con respecto al incesto supone la excepción a la regla en el contexto europeo, ya que en nuestra legislación no tipifica como delito esta conducta, aunque sí están reguladas por ley las relaciones sexuales entre adultos y menores a partir de los 16 años.

En pleno siglo XXI aún no existe ningún consenso al respecto que vaya a misa, salvo la de la Iglesia, que sentencia que el incesto es malo porque es un pecado capital. Podría tratarse de un asunto que concierne a la moral. Desde mi punto de vista, considero una conducta enfermiza que los hermanos tengan relaciones sexuales con sus hijos aunque sea en la adultez -hay que estar muy necesitado para que alguien en su sano juicio busque este tipo de amor en un hermano/a-. Habrá qente para la cual esta conducta pone en peligro a la institución familiar. Pero esos son valores personales y como tal, subjetivos. Quizá haya gente, a la que este tipo de relaciones no les parezca algo especialmente repulsivo.

El criterio más objetivo para oponerse al incesto sería el de la degeneración genética. Razón por la cual, históricamente, y en multitud de países estén prohibidas las relaciones sexuales entre padres e hijos o entre hermanos. Ahora bien, muchas parejas incestuosas pueden argumentar que en su relación no habrá hijos ya que ambos usan los más modernos métodos anticonceptivos. Él podría hacerse una vasectomía y ella una salpingoclasia. Entonces, ¿es motivo para seguir criminalizando el incesto consensual?.

El incesto debería estar prohibido por ley en el caso en el que el tabú social hacia estas prácticas desapareciera. Es decir, por ahora no hace falta prohibirla por escrito porque la mayoría de la sociedad la rechaza, como pueda rechazar la prostitución, por ejemplo. Uno de los criterios más objetivos para oponerse al incesto es el de la degeneración genética que las relaciones incestuosas generan en el caso de haber descendencia (deformaciones, enfermedades genéticas, retraso mental, etc). Razón por la cual, históricamente, y en multitud de países estén prohibidas las relaciones sexuales entre padres e hijos o entre hermanos. Pues una normalización de la endogamia tendría altos costes sociales, por lo que al menos habría que intentar mantener ese tabú, para no acabar yéndose con la prima carnal a la alcoba. Bastante tuvimos en España con Carlos II, luego tuvimos que comernos a los Borbones porque los Habsburgo follaban entre primos.

Este debate viene a ser en esencia algo similar a los padres “antivacunas” que se niegan a vacunar contra el sarampión a sus hijos bajo el pretexto de que el Estado no debe entrometerse en su ámbito privado. Están en su derecho a escoger, sí, pero hasta un límite cuando el asunto pasa a afectar al cuerpo social, en este caso, a la salud pública.

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