No somos Charlie para todo

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Unos gramos de ácido nítrico y sulfúrico, glicerina, bicarbonato sódico, papel tornasol, algodón, pólvora y arena. Estos son los ingredientes principales con los cuales se puede fabricar dinamita. Los mismos que vienen incluidos en el The Anarchist Cookbook, un manual que contiene recetas e instrucciones para la fabricación de explosivos caseros, bombas de humo y drogas recreativas, entre otras indicaciones. Con la explosión de dinamita tipo Goma-2 ECO se llevó a cabo el atentado del 11 de Marzo septiembre de 2004 en Madrid. La dinamita también era un tipo de explosivo empleado por la banda terrorista ETA a lo largo de su mortífera historia. No obstante, en los últimos años ha surgido una nueva forma de terrorismo, cuyas bombas, aunque no causan bajas humanas como los ejemplos mencionados, no son menos explosivas a nivel de escándalo público. Nos referimos al terrorismo tuitero.

En el momento que escribo estas líneas, los medios informan que la Guardia Civil ha detenido en Águilas (Murcia) a Sergio Pianelo Gómez, un joven de 26 años acusado de difundir en las redes sociales mensajes ofensivos que incitan al odio y la violencia contra colectivos diversos. El pasado 24 de marzo, justo después del accidente aéreo en los Alpes franceses publicó en su cuenta de Twitter mensajes como el siguiente: “A ver, a ver, no hagamos un drama, que en el avión iban catalanes, no personas”. El detenido se dedicó durante años a insultar a catalanes, canarios, negros, homosexuales o mujeres a través de su cuenta @pianelo. Vamos, que al parecer, el menda llevaba tiempo haciendo el canelo en Twitter, le iba todo; machismo, racismo, homofóbia… pero fueron sus últimos mensajes, de contenido catalanófobo, lo que ha levantado la indignación general y que ha culminado con su búsqueda, identificación y captura.

No soy partidario de arrestar a alguien por un comentario. La libertad de expresión se basa en permitir que la gente diga cosas que nos puedan parecer ofensivas, indignantes, asquerosas, etc. Únicamente es procedente arrestar y condenar si se trata de un sujeto que reiteradamente incita al odio hacia colectivos diversos, llama a la violencia y perturba la convivencia pacífica, pero no por un tweet, por muy gilipollesco que éste sea. Comentarios catalanófobos muy similares al del susodicho tuitero los puedes escuchar en no pocos bares cutres ubicados en algún lugar perdido de Castilla La Mancha o Extremadura. La diferencia es que cuando profieres semejantes comentarios en un bar o en la calle, estás dando la cara y exponiéndote a que alguien se ofenda y te la roture, o te saque los colores haciendo ver lo miserable que eres. Además, el “público” es muy limitado. Las redes sociales, por el contrario, aparte de que su contenido tiene mucha más difusión, otorgan rienda suelta a los cobardes, los gilipollas, los hijos de puta y los trolls.

Los tweets de Sergio Pianello eran extremadamente ofensivos para mi gusto. Mofarse de la desgracia del projimo no es digno de una sociedad que presume de ser moderna y civilizada. Pero si nos ponemos a arrestar a quienes vierten mensajes ofensivos en las redes sociales, van a tener que ampliar las cárceles a mansalva. Cuando aconteció el accidente del tren en Santiago, se escribieron tweets diciendo lo mismo pero de gallegos, con frases del estilo: “bah, si eran gallegos no es pa tanto“. Por alguna razón, nadie investigó nada. Cuando aconteció el accidente de Spanair otro tanto, pero con los canarios como objeto de burla. ¿Acaso las vidas de los ciudadanos catalanes tienen más importancia que la de otros colectivos?. Si investigamos y arrestamos a los autores que viertan comentarios de ese calibre, que sea a todos o a ninguno. Pero yo soy partidario de la libertad de expresión. Y la ofensa no debe ser el delimitante del ejercicio de este derecho fundamental. El concepto de ofensa es una categoría que entra más en la esfera sentimental y subjetiva. Por lo mismo, si a alguien le ofende que insulte a los catalanes o a los negros, o que uno dibuje a Alá, que dos homosexuales se besen, es problema del ofendido, no de los demás. Porque si tenemos que guardar respeto a unas creencias o sentimientos, habremos de tenérselo a todas, hasta a las absurdas, hasta a las repugnantes o hasta las que solo profese una sola persona. No podríamos despotricar contra nada.

Todos somos – o queremos ser- Charlie… hasta que nos ofenden. Entonces invocamos a las fuerzas del orden para que arresten al cabrón que ofendió nuestros sentimientos o creencias más íntimas. Si de mis sentimientos dependiera, a ese tuitero le reventaba la cabeza de una patada y después le colgaba de los huevos en un patíbulo, literalmente. Es lo que yo haría si dejara la razón a un lado y me guiara únicamente por mi situación de ofendido. Son las mismas cuestiones del tipo ¿Qué harías si tuvieras delante, por ejemplo, al violador de tu hija?. ¿Qué haría un religioso devoto si delante de él hicieran mofa de sus creencias?. ¿Qué te harían los sevillanos si te cagases en la Virgen del Rocío y en la puta estampa de las figuritas que sacan a paseo a la calle?.

Pero la ley no está para institucionalizar nuestras respuestas agresivas, por naturales y lógicas que nos parezcan a priori. No podemos legislar en base a la subjetividad de unos y otros. La gente tiene derecho a odiar e incluso a ser imbécil, mientras su odio y su imbecilidad no afecte a terceros ni perturbe la paz social. Ese es el matiz que, salvo que se sea imbécil se distingue con claridad. Infinidad de tuiteros son gilipollas, pero la libertad de expresión debe prevalecer. De otra manera estamos dando excusas al gobierno de turno para que censure y limite este derecho de forma arbitraria bajo la excusa de la “ofensa” a las víctimas.

A los terroristas tuiteros como ese Sergio Pianelo, ni siquiera es necesario que los ingresen en el trullo. El repudio social y es un castigo proporcionalmente más que suficiente que la persecución legal. Una vez que su rostro se de a conocer, este sujeto habrá perdido toda esa “valentía” de la que hacía gala bajo su anonimato en la red. Esto es extensible a aquellos actos de libertad de expresión de carácter ofensivo para determinados colectivos. Porque sencillamente, hay asuntos que pueden ser resueltos en el marco de la sociedad civil.

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