Lucro y evasión fiscal bajo la máscara del espíritu

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La fachada del Instituto Filosófico Hermético se veía desde la calle. Su ventanal sin persianas con el rótulo en los cristales esmerilados daba a la Vía Laietana de Barcelona. La entrada para acceder al local estaba ubicada en la tercera planta de un bloque de edificios situado en un callejón sin salida, junto a una plaza y un transformador de la luz.

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El lado oscuro del arte contemporáneo

LA PRESENCIA DE CASI TRESCIENTOS COLECCIONISTAS INTERNACIONALES ANIMA ARCO

El tiempo de espera se hacía muy largo en la Galeria Marlborough de Barcelona, sita en el carrer Enric Granados. Algunos taburetes, un fotógrafo acribillando la sala con flashes y gentes embutidas en traje y corbata se concentraban en esa amplia sala cuyas paredes blancas estaban pobladas por multitud lienzos enmarcados, en cuyo interior destacaban varios rallajos realizados con pintura al oleo.

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El régimen del 78 está en fase terminal: apliquémosle la eutanasia

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William Gibson, novelista de ciencia ficción y creador del concepto de cyberespacio, en su novela Neuromante, es conocido por ambientar sus historias en un presente relativamente cercano. Afirma que le resulta difícil imaginar el futuro como antes. Es famosa la cita de Slavoj Zizek en la que plantea que es más fácil imaginar un futuro apocalíptico que cualquier cambio en el orden político, por pequeño que sea. Por su parte, Eduardo Maura, miembro de Podemos Cultura, contaba hace poco en una conferencia que durante la crisis del Imperio Romano la tasa de suicidios aumentó en gran medida. Era mas fácil imaginar un mundo sin uno mismo que un mundo sin Roma.

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España: paraíso de la Organizatsja

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El tiempo de espera se hacía muy largo en la antesala de la prisión de Quatre Camins. Algunas sillas de plástico viejas, insuficientes para todos los familiares; infantes correteando por los pasillos; hijas con rostros desalentados esperando ver a sus padres aunque solo sea detrás de un cristal, durante veinte minutos y sin la posibilidad de una caricia; mujeres vestidas con sus mejores galas, provocativas para alegrar, al menos durante unos minutos, la vista a sus maridos. Aquél era un habitáculo especialmente lúgubre; los que mataban el tiempo fumando durante la tensa espera lo hacían apresuradamente y volvían a entrar en la sala; los que se decantaban por un café en la máquina tenían peor suerte, pues las reservas de azúcar se habían agotado, lo cual contribuía a incrementar aún más la amargura de la espera. Sigue leyendo