La realidad del conflicto en Siria

 

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Los acontecimientos ocurridos en Siria en los últimos años demuestran una vez más que Occidente no tiene problema en aliarse con el conservadurismo teocrático y con el islamismo más integrista con el fin de destruir al único régimen laico que todavía queda en la zona de Oriente Medio. Sin embargo, al margen de haber contribuido a la creación de un monstruo como el Estado Islámico, el cálculo occidental ha resultado erróneo en lo que respecta a la supuesta debilidad y aislamiento de Al Assad, pues las potencias occidentales no contaron en ningún momento con el gran apoyo popular del que todavía goza el régimen panarabista sirio, el cual se apoya en amplios sectores de la sociedad como los trabajadores, las clases medias, la pequeña burguesía, los sectores laicos y las minorías religiosas como los cristianos, los drusos o los alawitas (esta última la rama del chiísmo de la que forma parte el propio presidente sirio).

Porque contrariamente al relato maniqueo y simplista que los medios de comunicación tanto occidentales como islamistas nos han vendido, la realidad es que la situación del conflicto sirio es muchísimo más compleja, la cual solo puede comprenderse si se conoce la historia contemporánea siria y se analiza la evolución de las luchas de poder en un país cuya seña principal de identidad es la multiconfesionalidad: la diversidad religiosa de la sociedad siria y el respeto a todas y cada una de las confesiones ha sido la base de la política laica del Partido Baaz durante más de medio siglo. Por ese motivo, si el Estado sirio se asienta en el laicismo y la multiconfesionalidad, difícilmente los ciudadanos sirios van a apoyar a un proyecto político como el de los rebeldes sirios (compuesto prácticamente en su totalidad por musulmanes sunníes) que si llega a triunfar militarmente convertiría a Siria en un país islámico regido por la Sharia. Por ello, a pesar de que el Partido Baaz y el presidente Bachar Al Asad se vean desgastados por tantos años de ejercicio del poder, una gran mayoría de la sociedad siria va a seguir apoyándoles porque son la única garantía del mantenimiento del laicismo en Siria y de la supervivencia de las distintas religiones (ya que los rebeldes islamistas han asesinado ya a grupos pertenecientes a diversas minorías religiosas como cristianos, alawitas o drusos). No olvidemos que para los islamistas conservadores sirios, el fundamento de la identidad nacional de su país es el Islam, y por ello, el Estado debe ser monoconfesional y regido por la Sharia (la ley islámica), mientras que el secularismo del Baaz, laico y socialista, siempre ha sido el principal enemigo a batir por ellos, al que acusan de infiel.

Occidente cometió un grave error al pensar que la situación siria era equiparable a la de otros países de Oriente Medio sacudidos en los últimos años por las mal llamadas “primaveras árabes” (como Egipto o Libia). Con el objetivo únicamente de defender sus intereses geoestratégicos en la región, Estados Unidos y sus aliados pensaron que ya que estaban cayendo muchos gobiernos de Oriente Medio a raíz de las revueltas populares, si avivaban un poco las luchas de poder en Siria podrían derrocar al gobierno panarabista de Bachar Al Asad y colocar en su lugar a un régimen pro-atlantista (aunque para ello hayan tenido que aliarse con el fundamentalismo islámico más criminal). Sin embargo, la situación en Siria a resultado ser muchísimo más compleja, y tal como se ha señalado anteriormente, el factor decisivo del multiconfesionalismo no fue tenido en cuenta a la hora de tomar partido en el conflicto sirio.

Lo triste de estos acontecimientos es que quién está pagando los platos rotos es el pueblo sirio, que lleva cuatro años desangrándose en una guerra civil indefinida por culpa de una rebelión promovida por las principales potencias occidentales, las petromonarquías islamistas del Golfo Pérsico y el Estado sionista de Israel. Siguiendo aquella falaz máxima de que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” estas potencias han acabado armando militar y propagandísticamente a los sectores más islamistas y reaccionarios de la sociedad siria (incluyendo a los yihadistas), y la consecuencia directa de ello ha sido la eclosión del terrible Estado Islámico, que desde hace un año domina un tercio del territorio de Siria, otro tanto en Irak y amenaza directamente a las poblaciones occidentales.

 

 

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